El campo impulsa las exportaciones y la Argentina proyecta superar los u$s100.000 M
La agroindustria aportaría alrededor de USD 50.000 millones durante 2026. El crecimiento de la producción se combina con el avance de la energía, la minería y los servicios basados en el conocimiento.
La Argentina podría cerrar 2026 con exportaciones superiores a los u$s100.000 M, impulsadas por la recuperación de la producción agropecuaria y el crecimiento de nuevos sectores exportadores.
Las estimaciones presentadas durante el AmCham Argentina Agribusiness Forum ubican las ventas externas totales cerca de los u$s103.000 M. Aproximadamente la mitad de ese monto provendría del campo y de las cadenas agroindustriales.
La proyección aparece en medio del programa económico encabezado por Javier Milei, que busca mejorar la competitividad mediante la estabilidad macroeconómica, la desregulación y una reducción gradual de los impuestos aplicados a la producción.
El campo vuelve a empujar las exportaciones
La producción argentina de granos podría superar durante este año las 165 millones de toneladas, acompañada por un aumento de los ingresos generados por la carne bovina.
También se espera una mayor participación de sectores como la lechería, la pesca, la industria forestal, la producción porcina, el maní y la actividad avícola.
Entre enero y julio, las exportaciones agroindustriales alcanzaron aproximadamente u$s32.507 M, un crecimiento interanual del 15%. En volumen, las ventas llegaron a 74,3 millones de toneladas, el registro más elevado para los primeros siete meses de un año.
El desempeño permite proyectar que el sector aportará cerca de u$s50.000 M al finalizar 2026 y continuará siendo una de las principales fuentes de divisas de la economía argentina.
Menos retenciones y mayor previsibilidad
El Gobierno atribuye parte de la expansión a la reducción progresiva de los derechos de exportación y a la eliminación de regulaciones que encarecían el funcionamiento de las cadenas productivas.
Durante junio se aplicó una nueva rebaja de retenciones para el trigo y la cebada. Además, la administración nacional proyecta continuar desde 2027 con reducciones sobre la soja, el maíz, el girasol, el sorgo y sus derivados.
La estrategia busca aumentar la superficie sembrada, estimular la inversión y permitir que los productores destinen una proporción mayor de sus ingresos a tecnología, maquinaria e infraestructura.
Milei sostiene que la competitividad no puede depender únicamente de una devaluación. El objetivo oficial consiste en bajar impuestos y costos internos, simplificar trámites y estabilizar la moneda para que los sectores exportadores puedan planificar a largo plazo.
Los desafíos de infraestructura
La expansión del campo también exige una mejora de la infraestructura utilizada para trasladar la producción.
El sector privado reclama inversiones en rutas, ferrocarriles, puertos y sistemas de almacenamiento. También pide una simplificación del esquema tributario y reglas claras para la protección de la propiedad y de las innovaciones tecnológicas.
Una mayor producción pierde parte de su competitividad cuando debe enfrentar elevados costos logísticos para llegar desde las zonas agrícolas hasta los puertos. Por ese motivo, la infraestructura aparece como uno de los principales desafíos para sostener el crecimiento durante los próximos años.
El Gobierno apuesta a que una parte de esas obras pueda financiarse mediante inversión privada y concesiones, en lugar de regresar al modelo de obra pública sostenida con déficit fiscal.
Una matriz exportadora más amplia
El campo continúa siendo central, pero ya no es el único sector capaz de generar una cantidad significativa de dólares.
La producción de petróleo y gas, encabezada por Vaca Muerta, incrementó su participación en el comercio exterior y permitió reducir las importaciones de energía. La minería también sumó proyectos de cobre, oro y litio con capacidad para elevar las exportaciones durante los próximos años.
A esos sectores se agregan la economía del conocimiento, el software y los servicios profesionales, que cuentan con menores necesidades de infraestructura física y un importante potencial para insertarse en mercados internacionales.
Esta diversificación reduce la dependencia de las cosechas y permite compensar parcialmente el impacto de una sequía o de una caída de los precios internacionales de los granos.
El objetivo de superar los u$s100.000 M
La proyección de u$s103.000 M representa una señal relevante para la política económica de Milei. Un volumen más alto de exportaciones permite fortalecer las reservas, ampliar la oferta de divisas y reducir la vulnerabilidad externa del país.
El desafío será sostener el crecimiento sin reinstalar controles cambiarios, restricciones comerciales o aumentos impositivos que castiguen a los sectores generadores de dólares.
Si las estimaciones se cumplen, la Argentina terminará 2026 con el campo aportando cerca de la mitad de sus exportaciones y con la energía, la minería y los servicios ganando un peso cada vez mayor.
La combinación de estabilidad, menor presión tributaria y apertura de mercados aparece así como la hoja de ruta elegida por el Gobierno para convertir el potencial productivo argentino en exportaciones efectivas.
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