Milei desafió a la ONU: defendió Malvinas y denunció a la burocracia global

El Presidente exigió negociar con el Reino Unido, advirtió a las petroleras que operan en las islas y prometió convertir a la Argentina en un polo mundial de inteligencia artificial sin regulaciones preventivas.

Milei ONU discurso

El presidente Javier Milei pronunció este miércoles su tercer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas con una fuerte defensa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, duras críticas contra el funcionamiento del organismo y una propuesta para posicionar al país como centro mundial del desarrollo de inteligencia artificial.

Durante una exposición de aproximadamente 19 minutos, el mandatario también ratificó el alineamiento estratégico con Estados Unidos e Israel, reivindicó el capitalismo de libre empresa y cuestionó las políticas impulsadas por los organismos internacionales durante la pandemia.

El discurso estuvo organizado alrededor de tres interrogantes: qué debía hacer la ONU y no hizo, qué funciones asumió sin que le correspondieran y cuál debería ser su postura frente al avance de la inteligencia artificial.

Malvinas como “causa nacional”

El reclamo por las Islas Malvinas ocupó el centro de la exposición. Milei aseguró que la soberanía sobre el archipiélago constituye “una causa nacional” y acusó a las Naciones Unidas de no haber hecho cumplir sus propias resoluciones.

El Presidente recordó la Resolución 31/49, aprobada por la Asamblea General en 1976, que insta a la Argentina y al Reino Unido a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales en la zona mientras continúe abierta la disputa de soberanía.

Sin embargo, advirtió que cinco décadas después Londres sigue autorizando actividades económicas sin consentimiento argentino. En ese punto mencionó especialmente el proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration en la Cuenca Malvina Norte.

Para Milei, las licencias otorgadas por el Reino Unido son ilegales porque involucran recursos situados en una plataforma continental reclamada por la Argentina y cuya soberanía permanece en disputa.

El mandatario sostuvo que el incumplimiento británico también expone la debilidad de las Naciones Unidas: sus resoluciones permanecen formalmente vigentes, pero no generan consecuencias cuando una de las partes decide ignorarlas.

Advertencia a las petroleras

Milei destacó que su gobierno abandonó la política de limitar el reclamo argentino a declaraciones diplomáticas y comenzó a aplicar medidas concretas.

Enumeró las sanciones contra empresas, inversores y proveedores relacionados con la explotación no autorizada de recursos naturales en las islas. También mencionó el proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional enviado al Congreso para endurecer las penalidades.

El Presidente reiteró, de todos modos, la voluntad argentina de alcanzar una solución pacífica e invitó al Reino Unido a reanudar las negociaciones bilaterales.

Además, rechazó el argumento británico basado en la libre determinación de los habitantes de las islas. Señaló que ese principio no resulta aplicable a una población implantada por la potencia ocupante sobre un territorio cuya soberanía se encuentra pendiente de resolución.

El mensaje más directo fue destinado al sector energético internacional. Milei presentó a Vaca Muerta como una oportunidad para las empresas interesadas en invertir en la Argentina, pero advirtió que el país no permanecerá indiferente ante quienes participen simultáneamente de la explotación de recursos en Malvinas.

La Argentina, afirmó, no continuará esperando pasivamente una respuesta de la comunidad internacional y “va a tomar cartas en el asunto”.

Una fuerte crítica contra la ONU

El discurso también incluyó uno de los cuestionamientos más duros formulados por Milei contra las Naciones Unidas. El jefe de Estado calificó al organismo como una “organización inútil” que se alejó de su misión original y quedó atrapada dentro de una estructura burocrática incapaz de defender la seguridad colectiva y los derechos humanos.

Según el mandatario, la institución fracasó frente a las dictaduras, el terrorismo internacional y los regímenes que vulneran sistemáticamente las libertades individuales.

También cuestionó las condenas reiteradas contra Israel mientras, según planteó, se mantuvo silencio frente al terrorismo islámico y la persecución de comunidades cristianas en distintas regiones de África.

Milei sostuvo que la ONU perdió autoridad porque aplica exigencias sobre las democracias que respetan las normas, pero carece de capacidad para sancionar a quienes las violan.

A pesar de esas críticas, aclaró que la Argentina continuará participando en los organismos multilaterales cuando resulte necesaria la cooperación entre países. La diferencia, explicó, consiste en no confundir cooperación internacional con subordinación política.

Contra la Agenda 2030 y los encierros

El mandatario acusó a la ONU de haber expandido sus atribuciones hasta intentar determinar cómo deben organizarse los países y vivir sus ciudadanos.

En ese marco cuestionó la Agenda 2030, las regulaciones económicas internacionales, las políticas migratorias, las agendas de género y lo que definió como extremismo ambiental. También anticipó su rechazo a la denominada Agenda 2045.

El capítulo más crítico estuvo dedicado a la pandemia. Milei sostuvo que los organismos internacionales promovieron políticas de encierro que destruyeron empleos, afectaron la educación y restringieron derechos elementales.

El Presidente calificó aquellas medidas como un experimento de control social y vinculó esa crítica con la decisión argentina de abandonar la Organización Mundial de la Salud.

Según su planteo, las emergencias terminan, pero las estructuras de control creadas durante esos períodos tienden a permanecer y ampliar el poder de los Estados sobre los individuos.

Una Argentina sin regulaciones preventivas para la IA

El último gran eje fue la inteligencia artificial. Milei rechazó las advertencias que presentan el avance tecnológico como una amenaza inevitable contra el empleo y comparó el fenómeno con anteriores revoluciones productivas.

Sostuvo que la imprenta, la máquina de vapor, la electricidad e Internet también provocaron temores, pero terminaron multiplicando la productividad y ampliando las capacidades humanas.

El Gobierno buscará colocar a la Argentina en la “vanguardia de la libertad” mediante un marco jurídico que evite regular preventivamente la inteligencia artificial, limite la responsabilidad de las empresas que operen con agentes autónomos y ofrezca incentivos fiscales.

Milei destacó que el país dispone de energía, minerales críticos, capital humano y capacidad tecnológica para competir en los diferentes eslabones de esa industria.

También remarcó que la carrera por el control de la inteligencia artificial no es geopolíticamente neutral. En ese punto coincidió con Donald Trump y sostuvo que Occidente debe liderar su desarrollo para garantizar que respete la vida, la propiedad privada, la libertad y la dignidad humana.

Alineamiento con Estados Unidos e Israel

El Presidente ratificó que la Argentina eligió alinearse sin ambigüedades con Estados Unidos e Israel, países con los que considera que existen valores compartidos y una complementariedad estratégica.

Milei repudió los ataques del régimen iraní contra Israel, recordó la incorporación de la Guardia Revolucionaria Iraní al registro argentino de organizaciones terroristas y renovó el pedido de justicia por los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA.

Asimismo, afirmó que el Gobierno está abriendo la economía, promoviendo inversiones, desarrollando recursos estratégicos y recuperando las capacidades militares abandonadas durante décadas.

En el cierre, Milei invitó a científicos, emprendedores, inversores y creadores de todo el mundo a mirar hacia la Argentina. Presentó al país como una potencia potencial en alimentos, energía, minerales, tecnología, el Atlántico Sur y la proyección antártica.

Su objetivo, concluyó, es construir una nación libre, próspera, soberana y abierta al mundo, capaz de convertir sus recursos naturales y humanos en poder nacional.

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