Santa Fe llega a la FIT con todo para ser potencia turística, menos una gestión a la altura
La provincia aporta el 10,4% del Valor Agregado Bruto del país y posee río, grandes ciudades, aeropuertos, hoteles, empresas y acontecimientos de alcance internacional. Sin embargo, la promoción fragmentada, la burocracia y la falta de una estrategia medible exponen una deuda.
Santa Fe llega a la FIT 2026, que se realiza en La Rural de Buenos Aires, con argumentos de sobra para exhibirse ante operadores, inversores y visitantes. También llega con cada vez menos excusas para explicar por qué todavía no consiguió transformar su enorme potencia económica en una industria turística de escala.
La provincia cuenta con Rosario, la ciudad de Santa Fe —capital provincial—, el río Paraná, turismo de naturaleza, pesca, gastronomía, patrimonio histórico, acontecimientos deportivos, congresos, circuitos culturales y una importante estructura productiva.
Sin embargo, todos esos recursos todavía funcionan como piezas dispersas. La gestión de Maximiliano Pullaro no logró integrarlos dentro de una propuesta capaz de competir de igual a igual con Córdoba, Mendoza, Salta, Entre Ríos, Buenos Aires o las provincias patagónicas.
La pregunta, por lo tanto, resulta inevitable: ¿por qué una de las economías más importantes de la Argentina continúa teniendo un desarrollo turístico muy inferior a sus posibilidades?
Según los datos difundidos por el propio Gobierno santafesino, la provincia representa el 10,4% del Valor Agregado Bruto de la Argentina y registró durante 2025 un crecimiento real del 5,5%. Su economía se sostiene sobre el agro, la industria, el comercio y una amplia variedad de actividades productivas.
Cuando se observa el turismo, en cambio, la dimensión es otra.
Una provincia enorme con un turismo todavía pequeño
Santa Fe posee 13,3 millones de hectáreas, 849 kilómetros de costa sobre el río Paraná, tres aeropuertos —dos de ellos internacionales—, más de 35 hoteles de cuatro y cinco estrellas y alrededor de 6.000 plazas dentro de ese segmento.
La provincia también ocupa, según la información oficial, el tercer lugar nacional en realización de congresos y cuenta con oficinas especializadas en turismo de reuniones en Rosario y Santa Fe.
Es decir: los activos están. Lo que falta es una gestión capaz de conectarlos, promocionarlos profesionalmente y facilitar que el sector privado los transforme en productos turísticos rentables.
Durante el primer semestre de 2026, Santa Fe registró 2.685.366 visitantes y 1.055 eventos, que generaron un movimiento económico estimado en $447.889 millones. Del total de visitantes, 895.122 fueron turistas que pernoctaron y 1.790.244 excursionistas. La ocupación promedio de los alojamientos alcanzó el 58,21%.
A primera vista, las cifras pueden parecer importantes. Pero colocadas frente a la escala económica, territorial y empresarial de Santa Fe, también revelan todo lo que todavía no se está aprovechando.
Además, presentar cantidades de visitantes y montos globales no alcanza para demostrar una gestión eficiente. La Provincia debería informar con precisión cuánto invierte en promoción, qué resultados obtiene, cuántos congresos y contingentes logra captar, cuál es la permanencia promedio de los turistas y qué retorno generan las misiones y ferias pagadas por los contribuyentes.
Sin esos indicadores, las estadísticas corren el riesgo de convertirse en cifras decorativas destinadas a justificar la presencia oficial, en lugar de funcionar como herramientas para corregir políticas.
El problema no es la falta de atractivos
Santa Fe no necesita inventarse como destino. Tiene una ventaja que muchas provincias argentinas desearían: una economía diversificada capaz de alimentar al turismo.
La industria puede impulsar el turismo de negocios. El agro abre oportunidades para el turismo rural y gastronómico. El Paraná permite desarrollar la pesca, las actividades náuticas y las experiencias de naturaleza. Rosario puede potenciar congresos, espectáculos y turismo deportivo. La historia ofrece circuitos culturales, mientras que las ciudades y localidades del interior pueden consolidar escapadas de cercanía.
La provincia también posee un activo simbólico extraordinario: la creación de la bandera argentina y la figura de Manuel Belgrano, además de numerosos acontecimientos centrales para la historia nacional.
Es, asimismo, la tierra donde nació Lionel Messi, uno de los argentinos de mayor proyección mundial. Sin embargo, la gestión provincial tampoco consiguió transformar plenamente esa identificación internacional en una propuesta turística organizada.
El problema no es la ausencia de recursos, empresarios ni capital humano. El problema es una administración que todavía no logró convertirlos en experiencias accesibles, comercializables y sostenidas durante todo el año.
Tal vez Santa Fe no sea hoy un destino tradicional de vacaciones prolongadas. Pero podría crecer mucho más en congresos, convenciones, acontecimientos deportivos, escapadas de fin de semana y turismo rural, una actividad en expansión mundial que otras provincias aprovechan con mayor inteligencia.
Menos burocracia y más libertad para invertir
El turismo no se crea desde un despacho ni mediante campañas publicitarias. Lo construyen los hoteles, las agencias, los gastronómicos, los transportistas, los organizadores de acontecimientos y los emprendedores que arriesgan capital, generan empleo y compiten para atraer visitantes.
El Gobierno provincial no debe reemplazar esa iniciativa privada ni decidir qué experiencias tienen que ofrecerse. Su responsabilidad es bastante más concreta: garantizar seguridad, rutas transitables, conectividad, reglas previsibles, menor presión tributaria y trámites simples.
En lugar de multiplicar programas, oficinas y presentaciones institucionales, la gestión Pullaro debería preguntarse qué obstáculos enfrentan quienes quieren abrir un alojamiento, organizar una actividad, invertir en gastronomía o comercializar una experiencia turística.
Santa Fe ya cuenta con empresas y profesionales que trabajan desde hace años. Sus agencias se encuentran entre las más competitivas del país y el capital humano provincial posee una calidad reconocida.
Por eso, el atraso relativo del turismo no puede atribuirse al sector privado. La deuda pertenece a un Estado provincial que recauda, regula y promociona, pero todavía no consiguió generar un entorno suficientemente competitivo para que esas iniciativas crezcan y se conecten entre sí.
No hacen falta más estructuras burocráticas ni eslóganes. Hace falta que el Gobierno deje de poner trabas, facilite la inversión y mida cada política por sus resultados.
La FIT como vidriera y examen para Pullaro
La participación de Santa Fe en la FIT debería servir para algo más que exhibir fotografías atractivas del Paraná o repartir folletería institucional. La feria constituye una oportunidad para vender productos concretos, cerrar acuerdos con operadores, atraer congresos, captar acontecimientos deportivos y posicionar a la provincia como destino de escapadas y experiencias.
La experiencia de ediciones anteriores, sin embargo, dejó señales poco alentadoras. La presencia santafesina apareció dividida entre Rosario y la Provincia, como si fueran dos destinos sin conexión. El visitante tuvo que recorrer espacios diferentes para acceder a una oferta que debería presentarse de manera integrada.
También se observó que, durante la segunda jornada destinada a profesionales, algunos espacios oficiales quedaban prácticamente vacíos después del mediodía. Es una imagen difícil de justificar para una participación financiada con recursos públicos.
Quien llega a una feria internacional no debería esforzarse para conseguir información. Mucho menos encontrarse con stands sin representantes durante las horas reservadas para generar negocios.
Cada peso aportado por los contribuyentes debe traducirse en reuniones, contactos comerciales, acuerdos, congresos captados, grupos de visitantes e inversiones. El tamaño del stand, su decoración o la cantidad de funcionarios presentes no constituyen resultados.
La gestión Pullaro suele presentarse como defensora del orden y la eficiencia estatal. La FIT ofrece una oportunidad concreta para demostrarlo. Pero si la presencia provincial vuelve a reducirse a fotografías, discursos y espacios desconectados, quedará nuevamente expuesta una administración más preocupada por mostrar gestión que por obtener resultados.
Santa Fe tiene una ventaja extraordinaria: no necesita esperar a convertirse en una provincia productiva para desarrollar el turismo. Ya lo es.
Ya tiene industria, agro, puertos, universidades, empresas, infraestructura, río, acontecimientos y ciudades con escala. Todo eso fue construido, en buena medida, por generaciones de productores, trabajadores y emprendedores privados.
Lo que falta es un gobierno que deje de administrar el turismo como una vidriera ocasional y empiece a remover los obstáculos que impiden su crecimiento.
La FIT puede ser una oportunidad. También puede funcionar como una auditoría pública sobre la calidad de la gestión provincial.
Porque si una provincia que aporta más del 10% del VAB argentino todavía considera al turismo una actividad complementaria, el problema no está en la falta de recursos. Está en una gestión que continúa mirando demasiado chico.
