Caso Aralí Vivas: prisión perpetua para los tres responsables y nuevamente la falla de las instituciones
Cadena perpetua para los tres, pero no alcanza, lo que le sucedió a Aralí era evitable y ahora ya no está. La reacción de la madre al escuchar la condena generó revuelo porque se notó cómo sufrió más por ella que por su hija
El crimen de Aralí Vivas, la niña de ocho años abusada sexualmente y asesinada en la localidad cordobesa de Brinkmann, tuvo un desenlace judicial el jueves 8 de octubre de 2026. Un tribunal de San Francisco, con participación de jurados populares, condenó a prisión perpetua a su madre, Rocío Milagros Rauch, a su expareja, Ezequiel Matías Simeone y a Cristian Hernán Varela, amigo de este último.
Los tres fueron declarados responsables de delitos de abuso sexual con acceso carnal triplemente agravado y homicidio triplemente calificado. Sin embargo, las responsabilidades penales no fueron idénticas: la madre fue condenada como partícipe necesaria, mientras que Simeone y Varela fueron considerados coautores. La decisión contra Rauch se adoptó por mayoría, las condenas de los dos hombres fueron unánimes.
La fiscal de Cámara, Consuelo Aliaga Díaz, había solicitado la pena máxima para los tres acusados, mientras que las defensas reclamaron sus absoluciones. Finalmente, el tribunal impuso prisión perpetua a todos ellos.
La reacción de la madre al escuchar la condena
Uno de los momentos que más repercusión generó se produjo durante la lectura del veredicto. La madre de Aralí,acusada de entregar a la niña, se mostraba relajada y sin culpas, hasta que escuchó que había sido condenada a prisión perpetua y su reacción cambió abruptamente: comenzó a gritar, rompió en llanto e insultó a su expareja, Ezequiel Simeone.
La escena quedó registrada y se difundió públicamente, provocando fuertes cuestionamientos. El contraste entre sus declaraciones previas a la sentencia y su reacción al conocer la pena se convirtió en uno de los ejes de la discusión pública.
Una condena por su participación en el abuso y el asesinato
La responsabilidad penal atribuida a Rauch fue uno de los aspectos centrales del juicio. El jurado la encontró culpable, por mayoría, como partícipe necesaria del abuso sexual con acceso carnal triplemente agravado y del homicidio triplemente calificado de su propia hija.
Por su parte, Simeone y Varela fueron condenados por unanimidad como coautores de esos delitos. Además, a Simeone se le atribuyó la autoría del incendio de la vivienda donde ocurrió el crimen.
La acusación sostuvo que el fuego fue provocado para intentar eliminar pruebas vinculadas con el abuso y el asesinato. El cuerpo de Aralí había sido encontrado después de un incendio en una vivienda de Brinkmann, en noviembre de 2024.
La sentencia estableció responsabilidades penales concretas para los tres acusados. En el caso de la madre, la condena no se limitó a una falta de protección o a una omisión de cuidado: la Justicia la consideró partícipe necesaria de los delitos.
Un crimen que conmocionó a Córdoba y reavivó los interrogantes sobre la protección de la infancia
La muerte de Aralí no solo provocó indignación por la brutalidad de los hechos y la edad de la víctima. También reavivó los cuestionamientos sobre la actuación de los organismos encargados de proteger a niñas, niños y adolescentes en contextos de vulnerabilidad.
Durante la cobertura del caso se señalaron advertencias previas sobre la situación familiar de la niña, lo que abrió interrogantes sobre las intervenciones que se realizaron y las medidas que pudieron haberse adoptado para protegerla.
La condena a prisión perpetua representa el desenlace de esta etapa del proceso penal y una respuesta judicial frente a los delitos probados durante el juicio. Pero la sentencia también deja una pregunta que trasciende el castigo: qué mecanismos de prevención y protección deben funcionar para que una situación de violencia contra una niña no termine en una tragedia irreversible.
La justicia llegó después de una muerte que no debió ocurrir y era evitable
Aralí tenía apenas ocho años. Su historia terminó en un crimen que sacudió a Brinkmann y generó conmoción en todo el país. Su madre, la pareja de esta y un amigo fueron condenados a la pena máxima por su participación en los hechos pero Aralí ya no está.
La condena cierra una etapa judicial, pero no borra la pregunta más dolorosa: qué falló para que una niña de ocho años quedara expuesta a una violencia que terminó costándole la vida. La búsqueda de respuestas sobre la protección de la infancia debe continuar, con hechos comprobados, responsabilidades claras y sin olvidar a la víctima.
