Alemania alerta por maniobras de satélites rusos y advierte que Starlink podría convertirse en un objetivo

Cuatro aparatos militares Cosmos siguieron de cerca a un satélite comercial de la finlandesa ICEYE que brinda imágenes a Ucrania y sus aliados. El jefe del Comando Espacial alemán advirtió que Moscú está demostrando capacidades capaces de afectar grandes constelaciones sin necesidad de destruirlas directamente.

Starlink

La actividad militar rusa en el espacio volvió a encender las alarmas dentro de la OTAN. El jefe del Comando Espacial alemán, el general Michael Traut, advirtió que una serie de maniobras realizadas por satélites rusos durante este año demuestra que Moscú dispone de capacidades que, utilizadas contra una red de gran escala, podrían afectar servicios como Starlink.

El episodio que originó la preocupación ocurrió en mayo. Cuatro satélites militares rusos identificados como Cosmos 2610, 2611, 2612 y 2613 se aproximaron a un aparato comercial de observación terrestre operado por la compañía finlandesa ICEYE. La empresa provee imágenes de radar a Estados Unidos, otros países occidentales y Ucrania. La Fuerza Espacial estadounidense también registró las maniobras.

Traut describió el comportamiento de los Cosmos como una persecución orbital y sostuvo que ese tipo de coordinación entre distintos vehículos espaciales demuestra una capacidad que podría ser empleada contra constelaciones comerciales mucho mayores.

El riesgo para Starlink

La preocupación no radica únicamente en la posibilidad de un ataque convencional contra un satélite.

Traut planteó que existen formas más difíciles de atribuir y situadas dentro de la denominada “zona gris”. Un vehículo ruso podría, por ejemplo, colocarse deliberadamente en una trayectoria que obligara a decenas de satélites comerciales a realizar maniobras evasivas.

Ese desplazamiento consume combustible y puede reducir la vida útil de los aparatos.

El general alemán incluso describió un escenario hipotético en el que un satélite ingresara en la órbita utilizada por Starlink y posteriormente se fragmentara, obligando a numerosos equipos de la constelación de SpaceX a modificar sus trayectorias. No afirmó que Rusia haya ejecutado esa maniobra contra Starlink; la utilizó como ejemplo del tipo de amenaza que preocupa actualmente a las fuerzas occidentales.

La red creada por Elon Musk tiene especial importancia militar porque se convirtió en una infraestructura crítica para las comunicaciones ucranianas desde la invasión rusa de 2022.

Una guerra que también se disputa en órbita

Funcionarios militares occidentales sostienen que la interferencia rusa sobre sistemas espaciales aumentó considerablemente desde el comienzo de la guerra.

Entre las prácticas denunciadas figuran interferencias electrónicas desde tierra y el seguimiento de satélites occidentales para obtener información sobre sus capacidades. Moscú no respondió específicamente sobre las operaciones de los cuatro Cosmos, aunque anteriormente advirtió que los sistemas comerciales occidentales utilizados para apoyar operaciones militares ucranianas podrían ser considerados objetivos legítimos.

El episodio vuelve a plantear una cuestión que será cada vez más relevante: las fuerzas armadas dependen crecientemente de empresas privadas para comunicaciones, observación terrestre y transmisión de datos.

La OTAN reconoce formalmente al espacio como dominio operativo desde 2019 y advierte que Rusia y China desarrollaron capacidades destinadas a limitar o interferir los sistemas espaciales occidentales. La alianza también admite que un ataque significativo desde o contra infraestructura espacial podría, dependiendo de las circunstancias, activar los mecanismos de defensa colectiva.

Alemania prepara su propia respuesta

Berlín ya trabaja para ampliar sus capacidades orbitales.

El Comando Espacial alemán desarrolla satélites inspectores, capaces de aproximarse a otros vehículos para determinar qué están haciendo, y analiza tecnologías destinadas a interferir sistemas potencialmente hostiles sin necesidad de destruirlos y generar peligrosos campos de escombros.

Alemania también adjudicó contratos a ICEYE y empresas locales para desarrollar decenas de satélites destinados a mejorar la vigilancia del flanco oriental de la OTAN.

La competencia militar en el espacio ya no gira solamente alrededor de misiles antisatélite. El nuevo desafío consiste en detectar acciones deliberadamente ambiguas, capaces de degradar servicios comerciales sin cruzar de manera evidente el umbral de un ataque armado.

Para Alemania, las maniobras rusas de mayo constituyeron precisamente esa advertencia: la infraestructura privada que sostiene cada vez más operaciones militares occidentales puede convertirse también en un campo de confrontación.

icono
el.liberador.diario@gmail.com | + posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *