Alemania profundiza las conversaciones con los talibanes mientras Berlín amplía las deportaciones de afganos

En el centro de este esfuerzo se encuentran los contactos técnicos directos entre funcionarios alemanes y representantes de los talibanes.

Deportaciones Alemania

Alemania avanza hacia una relación nueva y cada vez más directa con las autoridades talibanes de Afganistán, mientras el Gobierno busca convertir las deportaciones de ciudadanos afganos en un proceso regular, marcando un cambio significativo en la política migratoria de Berlín y en su relación con el régimen de Kabul.

El último acontecimiento se produjo el 28 de julio, cuando Alemania deportó a 31 ciudadanos afganos en un vuelo chárter desde Leipzig. Por primera vez desde el regreso de los talibanes al poder en 2021, el grupo incluía a un ciudadano afgano que no había sido condenado por ningún delito.

El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, afirmó que el hombre había agotado todos los procedimientos de asilo y que, por tanto, estaba legalmente obligado a abandonar Alemania. El vuelo señaló un cambio más amplio en la política.

Las anteriores deportaciones alemanas posteriores al regreso de los talibanes se habían concentrado casi exclusivamente en personas condenadas por delitos, reflejando tanto la sensibilidad política de devolver personas a un Afganistán controlado por los talibanes como la dificultad de obtener la cooperación de las autoridades en Kabul.

Ahora, Berlín busca ampliar el sistema más allá de vuelos excepcionales y establecer un mecanismo capaz de gestionar retornos regulares. En el centro de este esfuerzo se encuentran los contactos técnicos directos entre funcionarios alemanes y representantes de los talibanes.

Alemania no reconoce a los talibanes como el Gobierno legítimo de Afganistán, pero Berlín reconoce cada vez más que la cooperación con las autoridades que controlan el país es necesaria para identificar a las personas deportadas, tramitar documentos de viaje y garantizar su admisión en Afganistán.

Estos contactos se intensificaron en junio, cuando funcionarios alemanes y representantes de los talibanes mantuvieron conversaciones confidenciales en Estambul. Medios alemanes informaron de que Berlín había acordado admitir a seis diplomáticos talibanes adicionales como parte de un acuerdo destinado a facilitar la ampliación de las deportaciones.

El Ministerio del Interior alemán confirmó que se habían producido conversaciones de carácter técnico, aunque no hizo públicos los detalles de la reunión. El acuerdo ilustra el inusual entendimiento diplomático que está surgiendo entre Berlín y Kabul: Alemania quiere que los talibanes cooperen en materia migratoria, mientras que los talibanes buscan un mayor acceso diplomático y consular en Europa.

El Gobierno alemán insiste en que estos contactos no equivalen a un reconocimiento formal. Sin embargo, en términos prácticos, los talibanes están siendo tratados cada vez más como la autoridad con la que Alemania debe negociar si las deportaciones a Afganistán han de convertirse en un mecanismo sostenible.

El cambio se produce paralelamente a un esfuerzo europeo más amplio por establecer relaciones de trabajo con los talibanes en materia de retornos. El 23 de junio, una delegación talibán viajó a Bruselas para mantener conversaciones a puerta cerrada con la Comisión Europea y representantes de los Estados miembros de la UE. Las conversaciones se centraron en la cooperación técnica para el retorno y la readmisión de afganos que ya no tienen derecho legal a permanecer en Europa. La UE, al igual que Alemania, sostiene que este acercamiento no constituye un reconocimiento del régimen talibán.

Para Berlín, la cuestión se ha vuelto cada vez más urgente mientras el Gobierno del canciller Friedrich Merz impulsa una política migratoria más estricta. Dobrindt ha defendido que las deportaciones ya no deberían limitarse a ciudadanos afganos condenados por delitos, abriendo la posibilidad de devolver a solicitantes de asilo cuyas peticiones hayan sido rechazadas y que hayan agotado todas las vías legales para permanecer en Alemania.

La política, sin embargo, enfrenta importantes obstáculos legales y humanitarios. Afganistán continúa bajo el régimen talibán, con severas restricciones contra mujeres y niñas y persistentes preocupaciones por detenciones arbitrarias, persecución y otras violaciones de los derechos humanos. Amnistía Internacional ha instado a los Gobiernos europeos a abandonar los planes de retornos forzosos, argumentando que Afganistán no puede considerarse actualmente un destino seguro para las deportaciones.

El número inmediato de deportaciones sigue siendo relativamente reducido. La importancia de los últimos acontecimientos reside, en cambio, en la infraestructura que se está construyendo en torno a ellas. Alemania está pasando de vuelos de deportación ocasionales, dirigidos principalmente contra personas condenadas por delitos, hacia un sistema de retornos regulares respaldado por una cooperación técnica directa con los talibanes.

Esto convierte al vuelo del 28 de julio en algo más que otra operación de deportación. Representa una prueba importante para una nueva política alemana: trabajar con un Gobierno que Berlín se niega a reconocer para hacer cumplir decisiones migratorias contra personas que, según las autoridades alemanas, ya no tienen derecho a permanecer en el país.

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Augusto Gonzalez
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