Treinta años sin un presidente en la FIT: Milei puso al turismo en la agenda

Javier Milei fue el primer mandatario en encabezar la apertura de la feria. El gesto anticipó una nueva relación entre el Estado y una industria que, tras la desregulación, sumó agencias, rutas y cifras récord de pasajeros.

FIT 2026 Milei

La Feria Internacional de Turismo cerró su edición 2026 como la más concurrida de su historia: recibió 143.683 visitantes, reunió a 1.697 expositores y contó con representantes de 64 países, con República Dominicana como invitado de honor en el año de su 30.º aniversario.

Los números superaron las expectativas para una celebración redonda. Sin embargo, aquello que no ocupó los principales titulares resulta todavía más interesante.

El dato que pasó casi inadvertido: Milei y la FIT

Hay un hecho que no se había producido durante las tres décadas de la feria y que ocurrió en 2025: por primera vez, un presidente de la Nación encabezó oficialmente la apertura de la FIT.

Javier Milei asistió a aquella edición y eso, para quienes llevamos tiempo dentro del sector, no fue un simple detalle protocolar. Fue una señal del escaso interés que históricamente mostró la dirigencia política por el turismo y, al mismo tiempo, de la insuficiente capacidad de lobby que tuvo la propia industria.

Andrés Deyá, entonces presidente de FAEVYT —la federación que agrupa a las agencias de viajes de todo el país y que a comienzos de 2024 había presentado un amparo contra el capítulo del DNU 70/2023 que desreguló la actividad—, lo reconoció sin rodeos en declaraciones a Ladevi: “Desde el primer día insistí para que esté”.

Luego avanzó sobre la dimensión institucional de aquella visita: “Para mí fue un reconocimiento político al sector”.

En treinta ediciones de la feria más importante del turismo latinoamericano, ningún presidente había considerado que su apertura mereciera su presencia. Que haya sido Milei quien rompiera esa costumbre, en el contexto de un gobierno que llegó con una agenda de desregulación resistida inicialmente por buena parte del sector, tiene una carga simbólica que mereció mucho más análisis y reconocimiento del que finalmente recibió.

La paradoja del RNAV: el sector creció después de la desregulación que rechazó

Hay una historia que el sector todavía no termina de contar sobre sí mismo y que la FIT 2026 ofrecía una oportunidad ideal para poner sobre la mesa.

Cuando el DNU 70/2023 derogó la Ley 18.829 y eliminó la habilitación nacional obligatoria para las agencias de viajes, la reacción de las organizaciones empresarias fue de rechazo casi unánime.

FAEVYT presentó un amparo judicial para declarar inconstitucional ese capítulo del decreto. El argumento central era que la eliminación del régimen podía favorecer la competencia desleal de operadores sin experiencia, controles ni garantías suficientes para los pasajeros.

Dos años después, el Registro Nacional de Agencias de Viajes (RNAV) —creado por las propias asociaciones como respuesta a la desregulación y como herramienta voluntaria de profesionalización— contabilizaba 7.599 inscriptos. El sistema había comenzado con una base cercana a las 5.300 agencias provenientes del antiguo registro estatal.

El dato, por sí solo, no permite afirmar que cada inscripción corresponda a una empresa completamente nueva ni que toda la expansión responda exclusivamente a la desregulación. Pero sí desmiente el escenario de destrucción generalizada que se anticipaba cuando se firmó el decreto.

También demuestra que la eliminación de una licencia estatal previa no impidió que el sector desarrollara su propio mecanismo de identificación, control reputacional y profesionalización.

FAEVYT y las federaciones provinciales trabajaron durante 2024, 2025 y 2026 para que las provincias y los municipios adhirieran o reconocieran el RNAV. Finalmente, todas las jurisdicciones del país quedaron incorporadas al sistema.

El resultado fue una reducción de las barreras nacionales de entrada acompañada por un esquema sectorial y federal de registro. Es decir, menos intervención directa del Estado nacional y más responsabilidad de las organizaciones privadas para construir confianza.

Reconocerlo no implica aceptar sin matices toda medida desregulatoria. Implica observar los resultados con la misma honestidad que el sector reclama cuando analiza una política turística.

La misma lógica se repite en el aire

El fenómeno no se limita a las agencias. En el mercado aerocomercial, la apertura introducida por el DNU 70/2023 y el Decreto 599/2024 también despertó una fuerte resistencia inicial.

Sindicatos, analistas y sectores vinculados con la antigua estructura aerocomercial advirtieron que la apertura podía debilitar la conectividad y perjudicar a Aerolíneas Argentinas. Sin embargo, el nuevo marco regulatorio fue acompañado por resultados que pocos habían previsto.

Durante 2025, los aeropuertos argentinos movilizaron 50,6 millones de pasajeros, el mayor registro de la historia del sector. Se incorporaron 57 nuevas rutas, de las cuales 50 fueron internacionales y siete de cabotaje.

Además, más de 2,1 millones de pasajeros viajaron al exterior directamente desde aeropuertos del interior, sin pasar por Buenos Aires. La cifra representó un crecimiento del 38% frente a 2024 y del 73% en comparación con 2023.

Aerolíneas Argentinas, por su parte, cerró su balance de 2025 con una ganancia neta de $238.000 millones, volvió a exhibir un patrimonio neto positivo después de más de una década y completó el ejercicio sin aportes del Tesoro para sostener su funcionamiento cotidiano.

No es el escenario que se describía cuando comenzó la apertura.

La política de cielos abiertos mantiene límites reales y cuentas pendientes. La conectividad directa entre provincias continúa siendo uno de los principales déficits, y todavía existen regiones con poca oferta o tarifas elevadas. Pero los números alcanzados durante el período son los que son, y leerlos con honestidad también forma parte de la responsabilidad del sector.

Lo que la FIT mostró y lo que no debatió

La edición 2026 fue fiel a lo que la feria viene siendo: un termómetro del estado de ánimo del turismo más que un verdadero espacio de debate estratégico.

Los stands son cada vez más elaborados, la asistencia del público general continúa creciendo y la agenda de conferencias ganó volumen. Sin embargo, las discusiones de fondo —la presión fiscal sobre la actividad, la conectividad interprovincial, la productividad, el acceso al crédito y la manera de convertir el récord aerocomercial en una industria no solamente más grande, sino también más sofisticada— siguen produciéndose principalmente en los pasillos.

El secretario de Turismo, Ambiente y Deportes, Daniel Scioli, destacó durante la apertura el crecimiento del turismo receptivo, la llegada de inversiones y el impacto económico de los acontecimientos deportivos y culturales.

Los datos permiten sostener parte de ese optimismo: más países representados, nuevas conexiones aéreas, mayor cantidad de agencias registradas y provincias con propuestas cada vez más elaboradas.

Pero la FIT también dejó expuesta, aunque sin decirlo expresamente, una tensión que atraviesa al sector. Las cifras históricas de pasajeros conviven con un gasto turístico doméstico bajo presión. Las agencias se multiplican, pero los márgenes por operación se reducen. La feria creció en tamaño; el debate sobre el modelo de desarrollo turístico, no tanto.

Lo que el sector debería llevarse de estos 30 años

Tres décadas de FIT constituyen un buen momento para formular preguntas incómodas.

La feria nació en un país con otra industria turística, otra conectividad aérea y un peso diferente de la actividad dentro de la economía. El turismo cambió profundamente; el formato de la exposición, bastante menos.

La presencia de Milei en la apertura de 2025, la expansión del RNAV tras la eliminación de la licencia obligatoria y los resultados de la política de cielos abiertos son señales de una transformación que el sector todavía procesa con lentitud: la relación entre el turismo argentino y el Estado está cambiando.

El Estado comienza a abandonar su papel de habilitador de cada actividad para concentrarse en establecer reglas generales, mientras las empresas y organizaciones privadas deben asumir una mayor responsabilidad en materia de profesionalización, calidad y construcción de confianza.

Adaptarse a esa transformación —sin perder lo que el sector desarrolló en formación, buenas prácticas y protección al consumidor— será uno de los principales desafíos de los próximos años.

Ese debate resulta bastante más interesante que preguntarse cuántos metros cuadrados tendrá la FIT 2027.

Leandro Peres Lerea
Leandro Peres Lerea
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