Con inteligencia de la DEA, la Policía Federal capturó en Vera una avioneta con 442kg de cocaína proveniente de Bolivia
Ocho detenidos, más de 400 kilos de cocaína incautados y una red logística desarticulada en el norte santafesino. La droga venía de la zona cocacolera donde se esconde Evo Morales, el aliado del peronismo argentino. Por eso la izquierda teme la alianza entre Argentina y Estados Unidos: porque les desarma el negocio.
La Policía Federal Argentina acaba de dar el golpe más duro al narcotráfico en lo que va del año en territorio santafesino. Gracias a un trabajo de inteligencia conjunto con la DEA —la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos, la agencia federal norteamericana especializada en la persecución del narcotráfico a nivel mundial— se interceptó una avioneta Cessna 210 que intentaba aterrizar en una pista clandestina en el departamento Vera, a la altura del establecimiento rural «Don Julio».
La carga era de 442 kilos de cocaína. A bordo viajaban el piloto y el copiloto, ambos de nacionalidad boliviana, que fueron detenidos en el acto junto a otras seis personas vinculadas a la logística del contrabando en tierra. El operativo incluyó francotiradores apostados en la zona, una pista clandestina que fue inhabilitada para evitar fugas, y ocho allanamientos simultáneos en las localidades de Vera y Calchaquí.
El decomiso también abarcó dos camionetas, dos camiones, una antena satelital Starlink, equipos de comunicación y bidones de combustible: toda la infraestructura de una organización criminal que operaba con sofisticación y con la certeza de que el norte santafesino era tierra de nadie.

La DEA en Santa Fe: inteligencia real contra narco real
La investigación se inició hace 45 días, cuando la DEA aportó el dato clave que permitió rastrear la ruta aérea. Desde allí, la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR), a cargo de Diego Iglesias, junto al Fiscal Federal Matías Scilabra y el Juzgado Federal de Garantías N°1 de Rosario, dirigido por Carlos Vera Barros, montaron un operativo de vigilancia que culminó con el golpe preciso.
Esto no fue suerte. Fue coordinación internacional seria, del tipo que la Argentina no tenía hace unos años, cuando el gobierno anterior prefería hacer negocios con los regímenes bolivarianos y dejar que la droga entrara por toneladas mientras los jefes policiales amigos del poder miraban para otro lado.
La DEA no es una ONG. Es la agencia antidrogas más poderosa del planeta. Y por primera vez en mucho tiempo, su trabajo conjunto con las fuerzas argentinas no se encuentra con obstáculos políticos ni con ministros que avisan antes los allanamientos. Se encuentra con un Estado que, al fin, decidió pelearle al narco en serio.
De Bolivia a Vera: la ruta del narcosocialismo
La avioneta venía de Bolivia. Más precisamente, de la zona cocacolera del Chapare, el feudo donde hoy se esconde como prófugo Evo Morales, el expresidente boliviano con orden de captura por trata y tráfico de personas, acusado de haber procreado una hija con una menor de 15 años a cambio de favores políticos y económicos.
Morales no está escondido en cualquier lugar. Está en el corazón de la producción de coca boliviana, rodeado de un «ejército» de cocaleros armados que lo protegen las 24 horas. El mismo gobierno boliviano —que ya no lo protege— reveló que solicitará información a Estados Unidos sobre la vinculación de Evo Morales con el narcotráfico, y su viceministro de Régimen Interior, Hernán Paredes, no tuvo reparos en afirmar que el exmandatario representa «un poco la expresión política del narcotráfico».
La ruta es clara: la cocaína sale del Chapare, cruza la frontera aérea, y busca pistas clandestinas en el norte argentino. Y allí, en el departamento Vera, aterrizaba una avioneta con casi media tonelada de droga.

El departamento Vera: peronismo, socialismo y la sombra del narco
El departamento Vera tiene senador propio. Se llama Osvaldo Hugo Segundo Sosa, es del bloque Partido Justicialista (BPJ), fue reelecto en 2023 para el período 2023-2027 y ocupa la vicepresidencia primera provisional de la Cámara de Senadores de Santa Fe.
Pero no es el único nombre que pesa en la zona. La intendenta de Vera es Paula Carolina Mitre, del Partido Socialista, integrante de la coalición Unidos para Cambiar Santa Fe —la misma alianza que gobierna la provincia con Maximiliano Pullaro y Lisandro Enrico. Mitre fue reelecta en 2023 y asumió el período 2023-2027 como titular del Ejecutivo Municipal.
Y aquí empieza a ponerse incómodo. La coalición Unidos arrastra una sombra que no puede lavar: el caso Druetta. Alejandro Druetta, exjefe de Drogas Peligrosas de la región de Venado Tuerto, fue condenado por narcotráfico. En el juicio aparecieron escuchas que mostraban vínculos fluidos entre el narco-policía y dirigentes de Unidos, incluidos Pullaro y Enrico. El exministro de Seguridad Marcelo Saín fue contundente: «Druetta era el nene mimado de Enrico y Pullaro».
Mientras la droga entraba por pistas clandestinas en territorio de Vera, el senador peronista Sosa ocupaba cargos institucionales en la Legislatura provincial y la intendenta Mitre —socialista de Unidos— administraba el municipio. Ninguno de los dos es acusado directamente en este operativo. Pero la realidad es incómoda: el narcotráfico prospera donde hay ausencia del Estado, complicidad local y políticos que miran para otro lado. Y en el norte santafesino, la presencia del Estado es tan liviana que una avioneta con 442 kilos de cocaína intentaba aterrizar impunemente en medio del campo.

Por qué la izquierda odia la alianza con Estados Unidos
Este operativo deja en evidencia algo que la izquierda argentina y latinoamericana no perdona: la alianza estratégica entre Argentina y Estados Unidos funciona.
Durante años, el kirchnerismo y sus aliados regionales construyeron una narrativa antiimperialista mientras permitían —o directamente facilitaban— que la droga fluyera por el continente. Evo Morales, el mismo que hoy se esconde entre cocaleros armados, fue durante décadas el ídolo de la progresía argentina. Lo mismo los Ortega en Nicaragua, los Maduro en Venezuela, los líderes del narcotraficante ELN en Colombia. Todos, en distinta medida, socios de un sistema que confunde soberanía con impunidad, y antiimperialismo de cartón con negocios millonarios.
La DEA no manda tropas. No interviene soberanías. Aporta inteligencia. Y esa inteligencia, combinada con el trabajo de la Policía Federal y la Justicia Federal argentina, acaba de desarmar una operación narco de envergadura internacional en territorio santafesino.
Por eso les molesta. Porque cuando Argentina y Estados Unidos cooperan en serio contra el narcotráfico, se les cortan las rutas a los que viven de la droga. Y se les cortan las rutas a los que viven políticamente de la complicidad con quienes manejan la droga.
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