Tensión en el Mar de China Meridional: choque entre buques chinos en plena persecución a Filipinas
Un incidente naval cerca del disputado atolón Scarborough dejó fuera de servicio a un patrullero chino tras colisionar con una fragata de su propia Armada durante maniobras agresivas contra una nave filipina. El hecho expone la peligrosa estrategia de coerción marítima de Beijing, el riesgo de escaladas accidentales y las dificultades de ASEAN para imponer un código de conducta que estabilice una de las rutas comerciales más importantes del mundo.
El Mar de China Meridional volvió a encender las alarmas geopolíticas tras un incidente naval que refleja la creciente tensión en esta región clave para el comercio global. Cerca del atolón Scarborough —también llamado Bajo de Masinloc—, dos buques chinos colisionaron mientras hostigaban a la patrullera filipina BRP Suluan en una zona marítima en disputa.
El patrullero de la Guardia Costera China CCG 3104 ejecutaba maniobras peligrosas, incluyendo el uso de cañones de agua, cuando la fragata Guilin de la Marina Popular realizó un giro brusco que terminó embistiendo la proa del propio patrullero, dejándolo gravemente dañado e inoperativo. Este choque entre embarcaciones de la misma bandera refleja el nivel de agresividad y riesgo operativo que domina la zona.
Scarborough es uno de los puntos neurálgicos del diferendo marítimo entre China y Filipinas. Aunque en 2016 la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya desestimó las reclamaciones chinas bajo la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), Beijing mantiene desde 2012 una presencia de facto, restringiendo el acceso filipino. La importancia estratégica es innegable: por estas aguas circula el 30% del comercio marítimo mundial, se concentran caladeros equivalentes al 12% de la pesca global y existen reservas de hidrocarburos de gran valor.
Tras el incidente, el presidente filipino Ferdinand Marcos Jr. calificó las maniobras chinas como “peligrosas”, “atroces” e “insensatas”, advirtiendo que su país podría verse arrastrado “a regañadientes” a un conflicto regional vinculado a Taiwán. El episodio confirma el uso sistemático por parte de China de tácticas de coerción marítima para afianzar su control territorial, incrementando el riesgo de que un accidente operacional derive en una crisis mayor.
La dimensión internacional no es menor: el Tratado de Defensa Mutua de 1951 entre Estados Unidos y Filipinas compromete a Washington a responder ante ataques contra fuerzas o embarcaciones filipinas, incluidas las de la Guardia Costera. Aunque EE.UU. no emitió un pronunciamiento específico sobre este caso, su respaldo militar a Manila se ha reforzado en los últimos años junto con alianzas crecientes con Japón, Australia, Francia e India.
En paralelo, el 11 de agosto comenzaron en Malasia nuevas rondas de negociación entre ASEAN y China para transformar la Declaración sobre la Conducta de las Partes en un Código de Conducta (COC) legalmente vinculante. Filipinas, que asumirá la presidencia rotativa de ASEAN en 2026, apuesta a que un marco claro reduzca el riesgo de incidentes como colisiones o construcciones ilegales. Sin embargo, las limitaciones del bloque y las presiones externas amenazan su capacidad para actuar como mediador eficaz.
Este choque en Scarborough no es un hecho aislado: es la muestra de que el equilibrio en el Mar de China Meridional sigue siendo frágil, y que cualquier error táctico puede detonar una crisis con alcance regional e incluso global.
