Pullaro endeuda a Santa Fe con 800 millones de dólares para más obra pública, más Estado y más impuestos

Mientras el Gobierno nacional de Javier Milei intenta desarmar la bomba de tiempo de la deuda heredada, Santa Fe copia el manual del viejo régimen: más crédito, más obra pública y la cuenta para las generaciones que vienen.

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Una deuda que compite con la de Kicillof

El gobierno de Maximiliano Pullaro acaba de colocar en los mercados internacionales un bono por USD 800 millones, con vencimiento en 2034, es decir, a 9 años.

El dato clave, que casi no aparece en el discurso oficial, es que en términos de deuda por habitante, el salto que da Santa Fe es muy similar al del endeudamiento que Axel Kicillof consiguió aprobar en la provincia de Buenos Aires por hasta USD 3.685 millones entre bonos, letras y otros instrumentos.

Con una diferencia central que en El Liberador consideramos decisiva:

  • Kicillof argumenta que gran parte de ese endeudamiento es para refinanciar deudas anteriores (rollover), es decir, cambiar pasivos viejos por otros nuevos
  • Pullaro, en cambio, toma deuda principalmente para financiar obra pública: nuevas rutas, infraestructura y el eterno catálogo de “obras estratégicas” con el que la política argentina lleva décadas justificando el aumento del gasto, los impuestos… y, como se ve hoy en los tribunales, el saqueo del Estado a través de la obra pública. En síntesis.

En criollo: la deuda de Pullaro dejará en peores condiciones y es más desmesurada, que la deuda que Kicillof dejará en provincia de Buenos Aires.


Las provincias se cuelgan de la gestión económica de Milei para endeudarse

Este movimiento no se entiende sin el cambio de escenario nacional.

Tras un año de ajuste duro, superávit fiscal y señales de orden macro, el gobierno de Javier Milei logró algo que parecía imposible hace poco: Argentina volvió a acceder al crédito voluntario en los mercados internacionales, lo que a su vez abrió la puerta para que varias provincias —entre ellas Santa Fe— pudieran volver a endeudarse afuera.

El plan que defiende el oficialismo nacional es claro:

  • Tomar deuda más barata y de mayor plazo para ir desarmando pasivos anteriores en peores condiciones.
  • Bajar impuestos y achicar el Estado, para que la economía deje de vivir de manotazos al contribuyente.

Pullaro hace exactamente lo opuesto: aprovecha el nuevo clima de confianza que genera la política nacional para endeudar Santa Fe al máximo… pero no para reducir deuda previa ni aliviar la carga impositiva, sino para gastar más.

Es el manual clásico del estatismo argentino: cuando aparece una ventana de crédito, la política no pregunta cómo reducir la mochila del Estado; pregunta “cuánto más puedo traer”.


Obra pública: el mecanismo preferido de la corrupción… y el elegido por Santa Fe

La elección de destino tampoco es inocente.

En el mismo momento en que en la Justicia federal se ventilan las tramas de la causa Vialidad, Cuadernos y otras investigaciones sobre cartelización de la obra pública, con una ex presidente condenada y decenas de exfuncionarios y empresarios bajo la lupa, Santa Fe decide hipotecar a dos futuras gestiones para alimentar el mismo circuito que hoy se está desenmascarando a nivel nacional.

La obra pública, en la práctica, ha funcionado durante décadas como:

  • Caja política para aceitar lealtades y campañas.
  • Negocio para constructoras amigas, que sobreviven de la licitación permanente.
  • Justificación perfecta para aumentar impuestos, tasas y contribuciones “por única vez” que luego se eternizan.

En lugar de aprovechar el giro liberal-libertario a nivel nacional para replantear el rol del Estado, la gestión Pullaro dobla la apuesta estatista: más cemento, más contratos, más deuda.


El “relato del éxito” y la trampa de la sobreoferta

Los propios funcionarios provinciales celebraron que la colocación del bono haya sido un “éxito” porque la demanda de los inversores superó largamente el monto inicialmente buscado, lo que les permitió pasar de una idea original de alrededor de USD 500 millones a USD 800 millones.

Traducido al lenguaje de la calle:

“Salimos a endeudarnos por 500, pero como el mercado nos ofrecía más, nos endeudamos todavía más.”

Eso, que se presenta como una muestra de “confianza” y “astucia financiera”, en realidad describe exactamente el comportamiento que hundió a la Argentina durante décadas:

  • Cuando hay crédito fácil, se toma todo lo posible.
  • El costo político de decir “no, hasta acá llegamos” es demasiado alto para una dirigencia acostumbrada a medir poder en función de la plata que reparte.

La “viveza” financiera de hoy es la hipoteca silenciosa que pagarán los contribuyentes de mañana.


Una deuda que pasa de generación en generación

El nuevo bono provincial vence en 2034. Eso significa que al menos dos gobiernos más —quizás de signos políticos muy distintos— estarán condicionados por la decisión de Pullaro de agotar el crédito ahora para financiar la obra pública de su propia gestión.

En términos reales, esto implica que:

  • Niños que hoy están terminando la primaria entrarán al mercado laboral cargando una mochila fiscal armada en 2025.
  • Jóvenes que hoy recién empiezan a trabajar pagarán, con cada impuesto, la fiesta de cemento, carteles y licitaciones de estos años.

Todo esto en una provincia que no arrastra el mismo peso de deuda histórica que Buenos Aires, y que, por lo tanto, no está forzada por vencimientos inminentes a salir al mundo a buscar dólares. Lo hace porque el gobierno eligió el camino cómodo de siempre: pedir prestado en lugar de recortar gasto y reformar el Estado.


Milei desendeuda; las provincias rearman la trampa

Mientras la Casa Rosada sostiene que usa el nuevo acceso al crédito para reperfilar pasivos viejos a mejores tasas y plazos, intentando achicar la bomba de tiempo heredada, la movida de Santa Fe va en sentido inverso:

  • Sube impuestos.
  • Aumenta la estructura política.
  • No ordena el gasto antes de pedir más plata.

Simplemente agrega una nueva capa de deuda, con la excusa de que “es para obras”. El mismo mantra que escuchamos durante los años del kirchnerismo y que hoy aparece, una y otra vez, en los expedientes judiciales.

La paradoja es brutal: es precisamente el giro liberal del Gobierno nacional lo que permite a Pullaro conseguir financiamiento, y, sin embargo, el uso que hace de ese financiamiento reproduce el patrón que nos llevó al colapso económico y moral del que Argentina intenta salir.


Un laboratorio perfecto de lo que no hay que hacer

Santa Fe podría haber sido un laboratorio de algo distinto:

  • Menos Estado.
  • Menos impuestos.
  • Más libertad para el sector privado.

En cambio, con esta emisión de deuda récord, Pullaro convierte a la provincia en un laboratorio de lo que la Argentina ya sabe que no funciona: financiar con crédito externo un Estado sobredimensionado y una obra pública que, demasiadas veces, termina enriqueciendo a unos pocos y empobreciendo a la mayoría.

El resultado está cantado:

más obra pública hoy, más presión fiscal mañana y menos libertad para las generaciones que vienen.

En un país que por fin empieza a discutir seriamente cómo dejar de vivir del Estado, Santa Fe elige mirar para atrás. Y lo hace con 800 millones de razones en contra de su propio futuro.

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