Honduras al borde de la ruptura institucional: el oficialismo desconoce la derrota mientras Asfura consolida su triunfo

Nasry Asfura, respaldado por Donald Trump, mantiene una ventaja clara y legítima en Honduras, mientras la izquierda de Xiomara Castro —que quedó tercera— intenta desconocer las urnas y forzar la nulidad de la elección. Sin pruebas, el oficialismo agita acusaciones de fraude y convoca protestas para frenar la transición. La verdadera amenaza hoy no es el conteo, sino un gobierno que no acepta su derrota democrática.

principal_honduras_espera_elecciones_mas_cerradas_dejan_final_incierto

Honduras vive horas decisivas tras las elecciones presidenciales. Con el 99,40% de las actas procesadas, el conservador Nasry “Tito” Asfura —candidato del Partido Nacional, respaldado por el expresidente Donald Trump — mantiene una ventaja firme y se perfila como el ganador de los comicios.

Muy cerca queda el presentador y empresario Salvador Nasralla, candidato del Partido Liberal, quien denuncia un “fraude monumental” y exige un escrutinio “acta por acta”. Mucho más atrás aparece Rixi Moncada, candidata del gobernante Partido Libertad y Refundación (Libre), alineada políticamente con la presidenta Xiomara Castro, con el chavismo venezolano y con el gobierno de Claudia Sheinbaum en México.

Moncada obtuvo apenas 19,29% de los votos, un resultado contundente que dejó al oficialismo fuera de competencia desde el inicio. Sin embargo, lejos de aceptar la voluntad popular, Libre anunció que “no reconoce” las elecciones, denuncia supuesta “injerencia” de Estados Unidos y exige la “nulidad total” de la elección. También convocó a protestas, paros y a que funcionarios del gobierno no colaboren con la transición presidencial.

Mientras la izquierda intenta desconocer la derrota, el conteo oficial muestra a Asfura con 1.298.835 votos (40,52%), contra 1.256.428 (39,48%) de Nasralla. La diferencia supera los 40.000 votos, incluso antes de procesar las actas pendientes. Los observadores internacionales —incluyendo misiones de la región— sostienen que no existe evidencia de fraude sistemático, aunque señalan fallas técnicas en el sistema de transmisión que deben ser auditadas, no utilizadas como excusa para anular todo el proceso electoral.

El único foco de tensión proviene del oficialismo, que denuncia un “golpe electoral” pese a haber quedado tercero por amplio margen. La presidenta Xiomara Castro, hasta ahora en silencio, enfrenta la crisis más seria de su administración: un partido gobernante que se niega a aceptar una derrota clara y que presiona para revertir, por vía política, lo que no consiguió con los votos.

Mientras tanto, Asfura —identificado con una agenda conservadora, pro-empresa privada y con buena sintonía con Washington durante la administración Trump— llama a respetar el voto ciudadano y permitir que el CNE cierre el escrutinio final sin presiones.

En un país históricamente golpeado por la desconfianza electoral, el intento del oficialismo de desacreditar los comicios abre un peligroso precedente. La estabilidad democrática hondureña dependerá ahora de que se respete lo que las urnas ya dejaron claro: la mayoría eligió un cambio de rumbo y un nuevo liderazgo en Nasry Asfura.

Sayago
Julián Sayago
+ posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *