Peronista, kirchnerista y feminista aliade abusó, asesinó y descuartizó a una nena de 14 años: la verdadera cara del relato populista de izquierda

El peronismo cordobés empleó, defendió y blindó a Claudio Barrelier, el asesino de Agostina Vega. Mientras levantan pañuelos verdes en los actos del 8M, sus estructuras reales —sindicales, municipales, barrabravas— fabrican impunidad para los violentos. Guazzora, Sena, Espinoza, Larroque, Ameri: la misma historia, el mismo partido, el mismo cadáver.

Barrelier fem Moreno

Claudio Gabriel Barrelier, el monstruo que asesinó a Agostina Vega de 14 años en Córdoba, no es un lobo solitario ni un desquiciado sin conexiones. Es el producto de un sistema: peronista, kirchnerista, barrabrava y «feminista» de cartón. El mismo sistema que en los actos públicos luce pañuelos verdes, repite consignas de género y promete «Ni Una Menos», mientras en la oscuridad protege, emplea y defiende a los verdaderos depredadores.

La red peronista que lo cobijó

Barrelier no llegó solo a la Municipalidad de Córdoba. Fue metido a dedo por el concejal oficialista Ricardo Moreno, referente de las 62 Organizaciones Peronistas, abogado penalista y hombre de confianza del intendente Daniel Passerini. Moreno mismo lo admitió: un secretario general de un gremio le presentó a Barrelier, «allegado a las 62 Organizaciones y a la política del peronismo», y él gestionó su ingreso al Estado municipal en 2021. Empezó «pintando cordones» bajo un régimen precarizado de cuatro horas. Planilla limpia, dijo Moreno. Claro, porque en el peronismo la planilla prontuarial se limpia con el mismo método que limpian la historia: mintiendo, tapando y nombrando amigos.

Moreno no solo le consiguió el trabajo: fue su abogado defensor en la causa de 2025, cuando Barrelier estuvo detenido 20 días por privación ilegítima de la libertad de una mujer que logró escapar semidesnuda y golpeada de su casa. El abogado que lo reemplazó en esa defensa, Jorge Sánchez del Bianco, es socio de Moreno en su estudio jurídico y su yerno. Es decir: la familia del concejal peronista armó la estructura legal para proteger al futuro femicida. Cuando apareció el cuerpo de Agostina, Moreno salió a decir que le generó «animadversión por demás particular» y que no podían defender a «una alimaña humana». Demasiado tarde. La alimaña ya tenía abogado, empleo municipal y cobertura política.

Barrelier y el concejal que loa comodó y defendió legalmente tras haber secuestrado a otra mujer

El relato feminista de cartón

El peronismo y el kirchnerismo construyeron en Argentina una industria del discurso feminista que no salva a ninguna mujer. Es pura cáscara, pura performance para los actos del 8M y las campañas electorales. Mientras tanto, sus estructuras reales —sindicales, políticas, barrabravas— protegen a los violentos.

Andrés «El Cuervo» Larroque, secretario general de La Cámpora, fue denunciado por violencia de género por su exesposa. Fernando Espinoza, intendente de La Matanza, fue acusado de abuso sexual por una empleada municipal. Emerenciano Sena, el intendente de Mercedes, fue condenado por encubrimiento en el femicidio de su nuera María Cash y sigue impune, protegido por el aparato peronista bonaerense. Guillermo Moreno, el histórico kirchnerista, fue denunciado por violencia de género por su exesposa. Juan Emilio Ameri, diputado peronista, fue suspendido por acosar a una mujer en plena sesión virtual del Congreso. Y la lista sigue: cada vez que el kirchnerismo levanta la bandera feminista, aparece debajo un femicida, un abusador o un encubridor con carnet del partido.

Barrelier encaja perfecto en ese modelo: peronista de las 62 Organizaciones, empleado municipal gracias a un concejal, defendido por el estudio jurídico de la familia del mismo concejal, y con vínculos con la barrabrava de Instituto, ese ejército de delincuentes que el peronismo utiliza para controlar territorios y amedrentar opositores.

Barrabrava de Instituto de Córdoba, usaba su casa como aguantadero de la hinchada

«La necesidad tiene cara de hereje»

Así se justificó Moreno cuando admitió que en los últimos diez años ayudó a entrar «a unas 10 o 15 personas» al Estado por amiguismo. «No me lo reprochen a mí, repróchenselo al sistema», dijo. Pero Moreno es el sistema. Es el peronismo cordobés que convierte al Estado municipal en un aguantadero de militantes, barrabravas y delincuentes. La casa de Barrelier, donde asesinó a Agostina, funcionaba como punto de encuentro de la hinchada de Instituto antes de los partidos. Los vecinos la conocían como «un aguantadero». Esa era la «planilla limpia» que Moreno presentó para justificar su ingreso al municipio.

La posta

Agostina Vega tenía 14 años. Fue asesinada por un hombre que el peronismo cordobés empleó, protegió y defendió. Mientras el kirchnerismo nacional organiza marchas feministas y reparte subsidios a ONGs de género, sus estructuras locales —las 62 Organizaciones, los concejos deliberantes, las municipalidades— son la verdadera fábrica de impunidad para los violentos. Barrelier no es una excepción: es la regla. El peronismo feminista es una mentira que se desmorona cada vez que aparece un cuerpo. Guazzora, Sena, Espinoza, Larroque, Ameri, y ahora Barrelier. El mismo relato, el mismo partido, la misma impunidad.

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Martín Tomassini
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