Escándalo en Rosario: el municipio gastó más de $25 millones por día en pauta oficial

Los datos surgen de la rendición de cuentas de 2025. La gestión de Pablo Javkin destinó $9.318 millones a publicidad y propaganda, un salto del 148,6% en pleno año electoral. Fuerte indignación por el contraste entre el millonario «maquillaje» del centro y el abandono de la periferia.

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Los números de la rendición de cuentas del ejercicio 2025 de la Municipalidad de Rosario desataron un escándalo político de proporciones mayúsculas. El informe oficial del Ejecutivo municipal encendió las alarmas al revelar un gasto que para muchos sectores sociales roza la obscenidad: la gestión del intendente Pablo Javkin destinó la sideral suma de $9.318 millones exclusivamente al concepto de pauta publicitaria y propaganda oficial. La cifra, sumamente difícil de digerir por el ciudadano de a pie, cobra una dimensión aún más alarmante cuando se realiza el desglose diario: la intendencia quemó más de 25 millones de pesos por día para financiar su aparato de comunicación, prensa y promoción.

Este impresionante despliegue de recursos públicos no se dio en el vacío. El año 2025 estuvo fuertemente signado por el calendario electoral debido a los comicios legislativos, un detalle que expone la matriz política detrás del manejo presupuestario local. Al contrastar los datos duros con el período anterior, el salto resulta verdaderamente astronómico: durante el año 2024, el Municipio de Rosario había ejecutado $3.749 millones en publicidad y propaganda. En apenas doce meses, coincidiendo de forma matemática con la campaña electoral, el monto prácticamente se triplicó, registrando un incremento neto del 148,6%. Este patrón de conducta presupuestaria, tristemente célebre en la política tradicional, deja en evidencia cómo la pauta oficial es utilizada de manera sistemática como una herramienta de posicionamiento partidario y de construcción de imagen personal, totalmente financiada con los impuestos de toda la comunidad.

Y mientras la intendencia quemó más de $25 millones diarios en propaganda durante el año electoral, miles de familias en los márgenes de la ciudad siguen caminando sobre el barro y conviviendo con pozos ciegos saturados. Es un modelo de prioridades totalmente roto.

El maquillaje del centro frente al olvido de los barrios

La indignación colectiva que generó la filtración de estos números encuentra su justificación más dolorosa y evidente al recorrer las calles reales de la ciudad. Mientras el dinero de los contribuyentes fluye a borbotones para sostener un relato publicitario idílico que se enfoca casi con exclusividad en maquillar, iluminar y lucir el centro de Rosario —vendiéndolo en spots digitales como una postal de gestión idílica y moderna—, la periferia y las barriadas populares muestran la otra cara de la moneda: la del absoluto abandono, el olvido y la desidia estructural. Decenas de barrios de Rosario carecen por completo de cloacas, agua corriente potable y cordón cuneta elemental. Para esos ciudadanos postergados, la respuesta estatal siempre es la falta de presupuesto; para el marketing político, en cambio, la billetera del Estado parece no tener fin.

Caminar hoy por los barrios más alejados del casco céntrico rosarino es enfrentarse cara a cara con una realidad de zanjas abiertas, líquidos cloacales estancados que corren a la par de las precarias veredas y calles de tierra que se vuelven trampas intransitables ante la menor llovizna. La falta de cordón cuneta no es un mero detalle estético o urbanístico: es la diferencia sustancial entre tener un barrio integrado, digno y transitable, o vivir sumergido de por vida en la marginalidad sanitaria. Resulta éticamente inadmisible que una administración priorice destinar semejante fortuna diaria a pautar avisos de televisión, cartelería en la vía pública y campañas en redes sociales para mostrar el centro y costaneras turísticas.

La caja política de la Secretaría de Gobierno

La pauta publicitaria estatal en este nivel de desmesura se transforma en un mecanismo perverso de auto-elogio que nada tiene que ver con las necesidades de información de la población. La propaganda oficial debería limitarse de forma estricta a campañas de información pública esenciales, tales como calendarios de vacunación, prevención de enfermedades estacionales, emergencias urbanas o alertas meteorológicas. Sin embargo, en la práctica rosarina se ha convertido en una monumental caja de financiamiento e influencia mediática. La rendición de cuentas arrojó otro dato que llamó poderosamente la atención de la oposición y de los analistas fiscales: del total de los $9.318 millones dilapidados en propaganda durante 2025, la Secretaría de Gobierno ejecutó de manera directa la friolera de $8.796 millones, concentrando casi la totalidad de la caja publicitaria de la ciudad y dejando migajas marginales para el resto de las áreas.

Concepto / Indicador Presupuestario
Ejercicio 2024
Ejercicio 2025
Variación %
Gasto Total en Publicidad
$3.749 millones
$9.318 millones
+148,6%
Gasto Promedio Diario
$10,2 millones
$25,5 millones
+150,0%
Ejecución Secretaría de Gobierno
No especificado
$8.796 millones
94,4% del total

Esta fenomenal centralización de los fondos en la Secretaría de Gobierno —el verdadero corazón político y estratégico de la intendencia— expone con absoluta claridad que el gasto no tuvo fines institucionales, educativos o de asistencia directa al ciudadano, sino objetivos puramente políticos, electorales y de control de daños mediáticos en un año de urnas calientes.

El modelo de UNIDOS: la pauta millonaria como prioridad de la casta

Este obsceno despilfarro detectado a nivel municipal en Rosario no es un hecho aislado ni una anomalía casual; es la réplica exacta de una matriz política y financiera de alcance provincial. Se trata del denominado «modelo de UNIDOS» (en alusión al frente político Unidos para Cambiar Santa Fe), una estructura de poder donde el blindaje mediático corporativo y el marketing político se imponen con violencia conceptual por sobre las necesidades estructurales más urgentes de la población. En la cúspide de esta pirámide de prioridades invertidas se encuentra el propio gobernador de la provincia, Maximiliano Pullaro, quien lidera el ranking del descontrol presupuestario con un gasto anual que escala a la escalofriante e inadmisible cifra de $48.000 millones destinados enteramente a la pauta publicitaria oficial.

Bajo esta lógica de verticalismo político riguroso, diversos sectores de la oposición y ciudadanos de a pie denuncian que el intendente Pablo Javkin actúa prácticamente como un «empleado» dócil de esta estructura.

Para estos funcionarios, la imagen personal cotiza muy por encima de la vida real de los ciudadanos. Es una maniobra sistemática donde la publicidad estatal se convierte en una herramienta de adoctrinamiento visual para ocultar que, mientras ellos gastan fortunas en pantallas y carteles, las verdaderas prioridades de la gente común siguen siendo pisoteadas.

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Julián Sayago
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