Milei privatizó la Hidrovía y el peaje bajará 13,5%: menos costo para exportar y más competitividad

La gestión privada de la vía navegable troncal ya está en marcha. El nuevo esquema prevé una reducción en el valor del peaje y apunta a modernizar el principal corredor de salida de las exportaciones argentinas.

Milei Hidrovia Jan De Nul

La Hidrovía Paraná-Paraguay inició una nueva etapa con gestión privada, en una decisión clave para el comercio exterior argentino y para el modelo de infraestructura que impulsa el Gobierno de Javier Milei. El cambio prevé una baja del 13,5% en el valor del peaje y busca reducir costos logísticos en uno de los corredores más importantes del país.

La vía navegable troncal es estratégica: por allí circula buena parte de la producción agroindustrial argentina y también cargas provenientes de países del Mercosur. Su eficiencia impacta directamente sobre la competitividad de las exportaciones, el ingreso de dólares y los costos que enfrentan productores, industrias y operadores portuarios.

El nuevo esquema quedó en manos del sector privado luego de la adjudicación a la empresa belga Jan De Nul, asociada con la argentina Servimagnus, por un plazo de 25 años. La concesión incluye tareas de dragado, mantenimiento, señalización, operación y cobro de peajes sobre un tramo de aproximadamente 1.400 kilómetros.

Para el Gobierno, la medida representa un paso central dentro de su política de apertura al capital privado y reducción del peso estatal en áreas donde considera que la gestión empresaria puede aportar inversión, eficiencia y previsibilidad. La Hidrovía había quedado durante años en el centro de debates políticos, con reclamos de productores y exportadores por costos, falta de obras y demoras en definiciones de largo plazo.

La baja del peaje aparece como uno de los primeros efectos concretos de la nueva administración. Según lo previsto, el valor se reducirá un 13,5%, lo que debería aliviar parte de los costos logísticos vinculados al transporte fluvial. En un país donde exportar suele ser más caro por impuestos, regulaciones e infraestructura deficiente, cualquier mejora en esa cadena tiene impacto económico directo.

El corredor es especialmente relevante para el complejo agroexportador del Gran Rosario, donde se concentra una de las zonas portuarias más importantes del mundo para la salida de granos, aceites y subproductos. También es fundamental para economías regionales y para el movimiento de cargas de Paraguay, Bolivia, Brasil y Uruguay, que utilizan la vía como conexión hacia el Atlántico.

La concesión contempla además obras de profundización y mejoras tecnológicas orientadas a aumentar la seguridad de la navegación, ordenar el tráfico y reducir riesgos operativos. La incorporación de tecnología también apunta a reforzar controles sobre la vía, un punto sensible por el uso de rutas fluviales para contrabando y narcotráfico.

El Gobierno busca mostrar la privatización como una señal hacia el sector productivo: menos Estado administrando estructuras estratégicas, más inversión privada y reglas de largo plazo para sostener obras. En la mirada libertaria, la Hidrovía debe dejar de ser una caja política o un botín de disputa burocrática para convertirse en una herramienta al servicio de la producción y las exportaciones.

La adjudicación a Jan De Nul también tiene un dato relevante: la firma cuenta con experiencia previa en la operación de la Hidrovía y en grandes proyectos internacionales de dragado. Esa trayectoria fue uno de los puntos valorados en el proceso licitatorio, en un sector donde la capacidad técnica y financiera resulta determinante.

El desafío será que la nueva gestión cumpla con los compromisos de inversión, mantenga condiciones competitivas para los usuarios y garantice transparencia en la operación. La Hidrovía no es una obra más: es una arteria central para que Argentina pueda vender al mundo, generar divisas y aprovechar su potencial productivo.

La reducción del peaje, en ese sentido, funciona como una primera señal. Pero la discusión de fondo será más amplia: si el país logra transformar su infraestructura logística en una ventaja competitiva y no en otro cuello de botella para quienes producen.

Durante años, la Argentina discutió cómo administrar la Hidrovía mientras el comercio exterior necesitaba respuestas concretas. Ahora, con la gestión privada en marcha, el Gobierno apuesta a una fórmula más simple: inversión, eficiencia operativa, baja de costos y previsibilidad.

La decisión encaja con el programa económico de Milei: sacar al Estado de donde frena, abrir espacio al sector privado y reducir los costos que pagan quienes generan riqueza. En el caso de la Hidrovía, la apuesta es directa: que el principal corredor exportador del país funcione mejor, cueste menos y ayude a que Argentina sea más competitiva.

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