Las brujas de Salem: cuando el miedo reemplaza a la verdad
Los juicios de Salem dejaron una lección que sigue plenamente vigente: cuando el miedo y los relatos reemplazan a la razón, las consecuencias pueden ser devastadoras. Hoy, esas “evidencias espectrales” vuelven a aparecer bajo distintas formas.
El relato farsa dice que varias mujeres encontradas culpables de “brujería” fueron ejecutadas, generándose el mito de Las Brujas de Salem, quemadas en la hoguera.
La realidad dice que, en la puritana aldea de Salem, las niñas Betty Parris y Abigail Williams comenzaron a padecer ataques, espasmos y comportamientos extraños y, ante la falta de explicaciones científicas, el médico local diagnosticó que estaban bajo un embrujo.
Pronto, los síntomas se extendieron a otras jóvenes de la comunidad.
Bajo presión, las niñas señalaron a tres mujeres marginadas de la zona: Tituba, una esclava caribeña de la familia Parris; Sarah Good, una mujer indigente y marginada; y Sarah Osborne, una mujer mayor que no asistía a la iglesia.
Las autoridades establecieron un tribunal especial que aceptó la “evidencia espectral”: testimonios basados en visiones y fantasmas invisibles que solo los afectados podían ver.
Esto desató una ola de histeria colectiva, resultando en más de 200 acusados, 19 personas ahorcadas y una serie de trágicos errores judiciales.
Y acá es donde comienza a verse el mito, ya que también fueron ejecutados seis hombres. Por lo tanto, hablar de Las Brujas de Salem no sería correcto, ya que también había varones “culpables”. Además, todas estas personas fueron ahorcadas y no quemadas en la hoguera, como expresa el relato farsa.
Para salvar sus vidas, muchas personas se vieron obligadas a confesar falsamente e incriminar a otros.
Cuando las acusaciones comenzaron a apuntar a miembros respetados de la élite e incluso a la esposa del gobernador de Massachusetts, los juicios fueron finalmente cancelados en la primavera de 1693.
Los magistrados terminaron disculpándose y, más tarde, el gobierno intentó limpiar el nombre de las víctimas.
Si te interesa el impacto cultural de este evento histórico, la obra clásica Las brujas de Salem, de Arthur Miller, explora cómo se utilizó el miedo y la persecución política basados en pruebas “espectrales”.
En 2020 ocurrió lo mismo a nivel global con el COVID, ya que las autoridades de la OMS, a pesar de la necesaria lógica matemática que hacía ver que se debían tomar medidas a la inversa de las que se adoptaron, aceptaron una “evidencia espectral” dada por “médicos” que nunca entendieron de matemáticas, por lo que encerraron al mundo en sus casas.
La diferencia es que esta vez nunca pidieron disculpas. Nunca dieron a conocer la realidad de las consecuencias de millones de “ahorcados” económicamente, decenas de miles de “ahorcados” por enfermedades sin posibilidad de tratamiento debido a la inmovilidad decretada y miles realmente “ahorcados” por estados depresivos.
En Argentina luego tuvimos otro caso interesante.
Los populistas, fascistas y socialistas —que son los mismos libros con distinta tapa— sentenciaron, igual que aquel tribunal especial que aceptó la “evidencia espectral”, que con el liberalismo en la Casa Rosada las consecuencias serían las siguientes:
- En 2023: van a vender tus órganos.
- En 2024: van a cerrar la UBA.
- En 2025: van a entregar la Patagonia.
- En 2026: vas a trabajar 16 horas.
Esta vez tampoco pidieron disculpas. Pero lo bueno es que no hubo “ahorcados” por ello, ya que el razonamiento de la población en general desestimó esa “evidencia espectral” y, gracias a ello, hoy Argentina se encuentra en el camino correcto y en la dirección adecuada.
Teniendo en cuenta que alguien dijo que “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”, ya que nunca es definitiva, tenemos que asegurar siempre la batalla cultural en nuestro escenario de vida personal, particular y social contra el accionar de quienes imaginan dar por aprobada la “evidencia espectral” para denigrar al liberalismo.
