Rusia extendió la guerra a toda Ucrania y busca quebrar su economía antes del invierno
La expansión de los ataques con drones y misiles borró la distancia entre el frente y las grandes ciudades. Moscú apunta contra trenes, puertos, depósitos, industrias y centrales energéticas.
La invasión rusa ingresó en una nueva etapa. La incorporación masiva de drones Shahed con motores a reacción y el aumento de los ataques con misiles permitieron a Moscú extender la guerra desde las líneas de combate hacia la infraestructura económica y urbana de toda Ucrania.
Las ofensivas alcanzan estaciones ferroviarias, depósitos, puertos, gasolineras, industrias y edificios residenciales. Kiev, que durante años mantuvo una relativa normalidad pese a las alarmas aéreas, enfrenta ahora interrupciones permanentes y un nuevo éxodo de familias hacia el oeste.
Los drones rusos vuelan más rápido y a mayor altura que las versiones anteriores. Las defensas terrestres ucranianas tienen dificultades para interceptarlos, mientras que los aviones disponibles enfrentan escasez de municiones y problemas de mantenimiento.
Rusia también incrementó su producción de misiles balísticos. Ucrania, en cambio, dispone de una cantidad limitada de interceptores Patriot y todavía necesita años para desarrollar un sistema nacional equivalente.
Una ofensiva contra la economía
El objetivo ya no se limita a conquistar territorio. Moscú busca destruir la capacidad ucraniana de financiar la guerra y mantener en funcionamiento sus ciudades.
La producción siderúrgica cayó con fuerza tras el cierre de grandes plantas en Kryvyi Rih y Zaporizhzhia. Los ataques también redujeron la capacidad de almacenamiento de supermercados, empresas de comercio electrónico y servicios postales.
El sistema ferroviario se convirtió en otro objetivo prioritario. Más de 250 locomotoras fueron destruidas durante el año, mientras Rusia comenzó a atacar trenes en movimiento y estaciones alejadas del frente.
El cierre de los puertos de aguas profundas de Odesa amenaza además las exportaciones agrícolas, una de las principales fuentes de divisas de Ucrania.
El invierno como arma
La llegada del frío aumenta la preocupación. Aunque la infraestructura energética fue reforzada con ayuda occidental, Kiev continúa dependiendo de centrales y subestaciones imposibles de proteger completamente.
La destrucción de un nodo crítico podría reducir el suministro eléctrico de la capital a pocas horas diarias. También se teme por el funcionamiento de la calefacción, el agua y el sistema sanitario.
Ucrania conserva capacidad para resistir en el frente y atacar objetivos dentro de Rusia. Sin embargo, el desequilibrio en armas de largo alcance trasladó el centro de gravedad del conflicto.
La estrategia de Vladimir Putin apunta ahora a debilitar simultáneamente al Ejército, la economía y la moral de la población. La próxima batalla no se librará únicamente en las trincheras: también se disputará en las centrales eléctricas, los puertos, las fábricas y las calles de Kiev.
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