Sin controles de precios, la inflación mayorista empezó con un cero por delante

El índice mayorista registró una variación de apenas 0,8% mensual y perforó la barrera del 1%. Sin congelamientos ni Precios Cuidados, la desaceleración refuerza la apuesta del Gobierno por atacar las causas macroeconómicas de la inflación.

Argentina baja inflación

Por primera vez en varios años, la inflación mayorista registró una variación mensual de apenas 0,8%, perforando la barrera del 1% y profundizando el proceso de desaceleración de precios. La lectura del indicador permite observar la magnitud del proceso desinflacionario que atraviesa actualmente la economía argentina.

El dato constituye además una señal relevante sobre las presiones que atraviesan los primeros eslabones de la cadena productiva y que posteriormente pueden trasladarse a los precios minoristas. Pero también deja atrás el viejo dogma de que la estabilidad requiere de listas oficiales, inspectores recorriendo comercios para controlar remarcaciones o congelamientos de precios.

En economía, la inflación mayorista funciona como una señal adelantada que, a diferencia del Índice de Precios al Consumidor (IPC) —que mide el impacto final sobre el bolsillo en el último eslabón del comercio—, capta el comportamiento de los precios en etapas previas de comercialización.

La variación del indicador, al perforar el 1% y ubicarse en 0,8% mensual, muestra una marcada estabilización en la dinámica de precios mayoristas. Cuando el primer eslabón de la cadena productiva deja de sufrir fuertes variaciones, también disminuyen las presiones sobre supermercados, distribuidores y otros comercios para trasladar aumentos derivados de sus costos de reposición.

Aunque la relación entre la inflación mayorista y la minorista no es automática ni necesariamente inmediata, la evolución de los precios en las primeras etapas de la cadena constituye una referencia importante para analizar las presiones que posteriormente pueden alcanzar al consumidor. El 0,8% actual aparece así como una de las señales más contundentes de que la inflación general de la economía continúa avanzando hacia registros sustancialmente menores.

Del control de precios al ordenamiento macroeconómico

Durante décadas, buena parte de la política económica argentina insistió en presentar la inflación como consecuencia de comportamientos empresariales y atribuyó los aumentos de precios a la “codicia” de productores, comerciantes e importadores. Bajo esa premisa, distintas administraciones recurrieron a congelamientos, leyes de abastecimiento, programas como Precios Cuidados y operativos de fiscalización que llegaron incluso a terminar con comercios clausurados.

El resultado de aquellos experimentos es conocido: desabastecimiento, distorsión de precios relativos y períodos en los que, lejos de desaparecer, la inflación volvía a acelerarse cuando los controles resultaban insostenibles. Se producía así el fenómeno conocido como inflación reprimida, mediante el cual las presiones permanecían contenidas artificialmente hasta que finalmente terminaban manifestándose.

La experiencia reciente muestra la cara opuesta de la moneda. La desaceleración de los precios mayoristas se produjo en un contexto de libertad de precios y desregulación de mercados. El freno a la escalada no provino de una faja de clausura en la puerta de un supermercado, sino de un programa orientado al ordenamiento de los principales agregados macroeconómicos.

Al ordenar las cuentas públicas y cortar la asistencia monetaria al Tesoro como mecanismo sistemático de financiamiento del déficit, el Gobierno atacó una de las causas que considera centrales detrás del deterioro de la moneda y, consecuentemente, de la suba generalizada de precios.

Otro factor determinante para entender la desaceleración mayorista es el comportamiento del mercado cambiario, ya que los precios de numerosos bienes industriales, insumos para la producción agropecuaria y, naturalmente, productos importados mantienen una fuerte relación con la evolución del dólar.

Cuando la brecha entre el dólar oficial y los dólares financieros alcanzaba niveles extraordinariamente elevados, los productores e importadores no fijaban sus listas solamente en función del costo efectivo del momento, sino también sobre las expectativas acerca del valor al que deberían reponer posteriormente sus mercaderías. La incertidumbre respecto del acceso futuro a las divisas incentivaba la incorporación de márgenes de cobertura para evitar una eventual descapitalización.

Con una brecha cambiaria considerablemente menor, ese riesgo perdió peso dentro de la estructura de costos. Los empresarios mayoristas comenzaron a desenvolverse bajo un esquema de mayor previsibilidad, en el que el costo de reposición resulta más sencillo de estimar. Al reducirse la necesidad del denominado “dólar cobertura”, también disminuyen las remarcaciones preventivas.

El impacto sobre salarios y poder adquisitivo

El dato de inflación mayorista no representa solamente una cifra para los analistas de mercado. Una estabilización sostenida de los precios constituye una condición necesaria para que el poder adquisitivo pueda recomponerse en el tiempo mediante una mayor previsibilidad.

Cuando la inflación avanzaba a ritmos del 15% o 20% mensual, cualquier incremento salarial conseguido en una negociación paritaria podía perder rápidamente buena parte de su efecto real. Con variaciones de precios sustancialmente menores, en cambio, los ajustes salariales tienen mayores posibilidades de traducirse en mejoras del ingreso real siempre que consigan ubicarse por encima de la evolución del costo de vida.

Ese proceso no depende únicamente de la inflación mayorista y deberá confirmarse también en los indicadores de precios al consumidor, salarios y actividad económica. Sin embargo, la desaceleración observada en los primeros eslabones de la cadena representa una señal significativa para una economía que durante años convivió con remarcaciones permanentes y expectativas inflacionarias incorporadas a prácticamente todas las decisiones.

En definitiva, el 0,8% de inflación mayorista refuerza la idea de que la estabilidad no se decreta mediante resoluciones ministeriales ni se consigue enviando inspectores a recorrer depósitos y supermercados. La inflación comienza a ceder cuando se corrigen los desequilibrios que alimentan la pérdida de valor de la moneda.

Sin controles de precios, sin congelamientos y con las cuentas públicas bajo un esquema de mayor disciplina fiscal, la Argentina empezó a ver la inflación mayorista con un cero por delante.

Cristian Almada
Cristian Almada
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