Lecturas al Cierre: El porqué de Milei
Una mirada sobre el hartazgo con la política tradicional, el ascenso de Javier Milei y el giro económico, institucional y exterior que propone su gobierno frente a décadas de estatismo, inflación y dependencia del poder político.
Las sociedades, cuando se hartan de la política, reaccionan alejándose de ella.
¿A qué se debe esto en el caso argentino? La hiperconexión llega hoy a todos los ciudadanos y ya es prácticamente imposible ocultar nada. Sabemos del saqueo kirchnerista, de la inflación que corroe los ingresos y disminuye las ganancias, y de la incitación permanente al consumo, muchas veces imposible de concretar.
Todo esto tensiona a los individuos y los lleva al descreimiento de los profesionales de la política, que utilizan al Estado para su enriquecimiento personal; de los “líderes” sindicales eternos que lucran con las obras sociales de sus gremios; del empresariado prebendario, más formal, más culto, pero siempre al acecho de la protección estatal; y de los “dirigentes sociales”, intermediarios entre la pobreza extrema y el subsidio inevitable.
También debemos referirnos a los sectores minoritarios de izquierda y a intelectuales vinculados con filosofías totalitarias que, durante el siglo XX, dejaron detrás experiencias profundamente trágicas.
Todos estos fenómenos concurrentes tuvieron una resultante inesperada.
Apareció entre nosotros un no político, con ideas referidas a la libertad, a la construcción de un Estado posible, a la necesidad de una moneda sana, al valor real de los bienes y servicios y a la eliminación de impuestos pesados y absurdos, utilizados durante décadas como combustible para mantener un estatismo populista fabricante de pobreza e indigencia.
Los pueblos no se suicidan. Eligen la salud de las instituciones, la ética de los funcionarios y la libertad ciudadana, que es la libertad natural: la iniciativa, la sana competencia y el premio al esfuerzo meritorio.
Y así llegó un gobierno impensado e impensable, con un cariz casi providencial y desconcertante para los operadores tradicionales de la política.
En su asunción, de espaldas al Congreso Nacional y con el énfasis de quien se considera señalado por las “Fuerzas del Cielo” para regir los destinos de la Argentina, Javier Milei explicó, sin ambages y a puro impulso, un programa de austeridad difícil de imaginar hasta entonces y sin promesas de abundancia inmediata.
“No hay plata”.
Y comenzó a desmontar un Estado hipertrofiado, compuesto por organismos inútiles y sostenido por una maraña impositiva, con una moneda envilecida y una inflación que avanzaba hacia el desastre.
La idea central es la libertad individual y la iniciativa personal. La libertad de ser en el hacer.
Esta postura se opone al autoritarismo dirigista que llevó la pobreza y la indigencia a niveles extremos. Merenderos, comedores comunitarios y escolares terminaron convirtiéndose en el centro de gravedad de numerosos “barrios populares”, expresión utilizada para denominar sectores urbanos marcados por la pobreza estructural.
Allí confluyeron fenómenos de larga data: migración interna producto de las transformaciones del ámbito rural, problemas sociales persistentes de distintas comunidades y movimientos migratorios regionales que los sucesivos gobiernos no consiguieron integrar adecuadamente dentro de una estrategia de desarrollo nacional.
Nuestra política exterior también dio un giro fundamental.
Durante años, la Argentina mantuvo una fuerte proximidad política con gobiernos como los de Venezuela, Bolivia, el Brasil de Lula, Cuba y Nicaragua, además del Ecuador de Rafael Correa, identificados en distintos grados con modelos de fuerte intervención estatal.
Hoy el país busca una relación prioritaria con Estados Unidos y con las principales democracias occidentales.
En materia económica, la Argentina alcanzó superávit fiscal y mantuvo superávit comercial, mientras el Gobierno avanzó en reducciones de derechos de exportación para distintas actividades agropecuarias. Al mismo tiempo, minería e hidrocarburos atraviesan una etapa de fuertes inversiones y expansión productiva.
En el orden urbano, las nuevas tecnologías financieras y comerciales están despegando y, con el tiempo, deberían contribuir a mejorar la microeconomía personal y familiar y la situación de las pequeñas y medianas empresas mediante una competencia sana y productiva.
El objetivo es un país ordenado y saneado.
Quedan, naturalmente, los conflictos políticos; sectores que luchan por conservar sus espacios de poder, el denominado círculo rojo y una parte del periodismo que mantiene una posición de confrontación permanente con el Gobierno.
Para quienes creemos en este proceso, la libertad que avanza deberá demostrar que puede superar también esos obstáculos.
Esto es, en suma, el porqué de Milei.