Quilmes: Interna K entre municipales de Mayra Mendoza y trapitos de Grabois por el estacionamiento medido

Una ordenanza por el estacionamiento medido terminó con trompadas, represión y denuncias en la puerta del Concejo Deliberante de Quilmes y desató una guerra interna entre Mayra Mendoza y Juan Grabois, dos figuras del mismo universo kirchnerista. En el medio, los vecinos quedan atrapados en una elección absurda: pagarle a los municipales de Mayra Mendoza o a los trapitos de Grabois.

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Lo que empezó como una sesión municipal para ordenar el estacionamiento medido terminó en una escena de decadencia política: protestas, trompadas, represión, heridos y detenidos, y una guerra abierta entre dos figuras ligadas al mismo universo de Cristina Kirchner. El Concejo Deliberante de Quilmes aprobó una ordenanza para implementar un sistema de estacionamiento medido y regular la actividad de los “trapitos”, pero la jornada quedó marcada por graves enfrentamientos en la puerta del edificio municipal.

Según reconstrucciones periodísticas, militantes vinculados al Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) —espacio referenciado en Grabois— se movilizaron contra la medida y chocaron con la Policía Bonaerense. Hubo incidentes, represión y un saldo de heridos y detenidos entre los manifestantes.

Una ordenanza, una protesta y el desborde

La norma aprobada apunta a poner en marcha el Sistema de Estacionamiento Medido Municipal (SEMM) mediante licitación y contempla “formalizar” a quienes ya trabajaban informalmente en la calle. Ese punto —la licitación y la no adjudicación directa— fue uno de los ejes del conflicto con las organizaciones que reclamaban otro esquema de incorporación.

En el exterior del recinto, la tensión escaló: desde el Municipio hablaron de un grupo que arrojó piedras e intentó ingresar al Concejo para impedir la sesión.

Del otro lado, Grabois denunció “represión” contra militantes y trabajadores, y enmarcó el episodio como una avanzada para “privatizar” el estacionamiento medido.

El audio que rompió el pacto de convivencia

En medio del caos, la interna se volvió inocultable cuando se difundió un audio de Mayra Mendoza dirigido a Grabois. Ahí le reprocha “faltar el respeto”, lo acusa de “fomentar la violencia” y traza una línea política: dice que no va a “caer en la psicopateada” y pone el foco en el mandato de “ordenar” el municipio, incluso mencionando que una vecina habría resultado lastimada en el contexto de los incidentes.

La frase más pesada no fue un insulto: fue una duda de lealtades. Mendoza cuestiona que ambos “respondan a la misma conducción” y desliza que ya no tiene claro a quién representa realmente Grabois.

No es solo trapitos: es caja, calle y poder territorial

La Nación lo sintetizó sin eufemismos: el “control de la calle” y la llegada de una “empresa privada” (vía licitación) detonaron una convivencia que ya venía tensa. El estacionamiento medido no es un tema menor: mueve recursos, define quién administra el espacio público y quién se queda con el flujo cotidiano de dinero en el centro.

En esa pelea, Mayra queda atrapada “de ambos lados del mostrador”: por un lado, la demanda vecinal por orden y seguridad; por el otro, organizaciones que durante años funcionaron como músculo militante y dispositivo territorial del mismo espacio político que hoy gobierna Quilmes. Cuando ese equilibrio se rompe, lo que aparece no es una discusión técnica: aparece la pelea por autoridad real.

La filtración como método: el déjà vu del kirchnerismo

El episodio también reactivó una postal conocida: la interna que se ventila por audios. En 2021, tras la derrota electoral del Frente de Todos, se filtró el audio de la entonces diputada Fernanda Vallejos con insultos contra Alberto Fernández; la propia Vallejos reconoció su autoría y dijo que era una conversación privada.

Que hoy circule un mensaje de voz como pieza central del conflicto no es un detalle: muestra cómo el kirchnerismo gestiona con urgencias comunicacionales, donde la rosca y la presión interna se terminan discutiendo con operaciones de WhatsApp y micrófonos de pasillo, mientras la calle se prende fuego afuera.

Fisuras profundas en el peronismo y liderazgo bajo estrés

La pelea Mayra–Grabois no es un chisme: es un síntoma. Expone la fractura entre La Cámpora y organizaciones sociales que alguna vez fueron aliadas funcionales. Y deja una pregunta que duele dentro del propio espacio: si dos dirigentes que “responden” a Cristina Kirchner se cruzan con esta violencia política —y con represión en la puerta—, ¿quién manda realmente cuando el territorio se descontrola?

Quilmes ofreció, en un solo día, el resumen de una década larga: Estado municipal que intenta “ordenar”, movimientos que reclaman poder sobre la calle, y una dirigencia que, cuando se ve acorralada, discute por audios mientras la realidad se impone a piedrazos.

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