Los anti-SAD compraron una SAD: Faroni adquirió el Perugia con dinero transferido por la AFA
Mientras la conducción de la AFA se presenta como dique contra las Sociedades Anónimas Deportivas y denuncia “injerencias” para imponerlas, la Justicia investiga si el empresario Javier Faroni —su agente comercial internacional— usó fondos vinculados a los ingresos externos de la Selección para financiar la compra del Perugia, un club europeo que funciona bajo estructura societaria. El contraste es brutal: lo que se condena puertas adentro, se practica afuera.
La discusión por las SAD en Argentina siempre fue vendida como una batalla “cultural”: clubes como asociaciones civiles, fútbol como tejido social, identidad de barrio. En esa línea, la AFA publicó comunicados y posicionamientos contra la imposición de ese modelo, apoyándose incluso en dictámenes de FIFA y Conmebol, y con discursos del propio Claudio “Chiqui” Tapia marcando que ese rumbo “no es lo que queremos y representamos”.
Pero el caso Faroni-Perugia, que estalló tras allanamientos y documentación incorporada a una investigación judicial, expone una postal incómoda: la cúpula que se victimiza contra el “negocio privado” terminó montando —según surge del expediente y de reconstrucciones periodísticas basadas en registros bancarios y societarios— un circuito privado, offshore y rentístico alrededor del activo más valioso del fútbol argentino: la Selección.
El punto de quiebre: el contrato que le daba la “llave” del exterior
De acuerdo con el contrato hallado en los procedimientos, la AFA firmó con TourProdEnter LLC (sociedad radicada en Florida) un acuerdo para actuar como agente comercial internacional, con facultades de cobro y gestión de ingresos fuera del país, a cambio de una comisión del 30%. Ese documento fue divulgado en investigaciones periodísticas y luego defendido por la propia AFA en un comunicado titulado “La única verdad es la realidad”, donde justificó el porcentaje comparándolo con esquemas previos.
Hasta ahí, puede discutirse si el 30% es “mucho” o “poco”. El problema político (y moral) aparece cuando esa ingeniería se cruza con un hecho concreto: el dinero que debía representar al fútbol argentino termina orbitando en estructuras privadas que compran un club europeo.
Perugia: compra confirmada; el origen del dinero, bajo investigación
El Perugia Calcio anunció oficialmente el 7 de septiembre de 2024 el cambio de manos: Javier Faroni asumió como presidente y accionista tras el “closing” con la transferencia del 100% de las cuotas desde el anterior propietario.
Lo que hoy investiga la Justicia —según reconstrucciones basadas en registros bancarios y documentación societaria citada por medios nacionales— es que desde cuentas donde se depositaban ingresos vinculados a la AFA en el exterior se realizaron transferencias por más de US$ 5,7 millones (y un total que otras reconstrucciones elevan a US$ 6,2 millones) hacia sociedades vinculadas a Faroni, entre ellas Sports NextGen Ltd, parte del entramado empresario que adquirió el club italiano.
En paralelo, documentación oficial italiana vinculada a la estructura societaria del club refiere a Perugia Futbol S.r.l. y a movimientos de participación/propiedad.

La hipocresía: el modelo “prohibido” que se usa cuando conviene
Acá está el núcleo del escándalo político: Perugia no es una “asociación civil” de socios; es un club europeo dentro de un esquema societario. O sea, en la práctica, una SAD (o su equivalente legal italiano). Entonces la pregunta cae por su propio peso:
¿Cómo puede la AFA “combatir” el ingreso del capital privado a los clubes argentinos mientras su círculo comercial arma negocios en el mismo formato… pero en el exterior y con fondos que la Justicia investiga como provenientes de la caja del fútbol argentino?
No es una discusión filosófica sobre si la inversión privada es buena o mala. Es algo más básico: coherencia y transparencia. Si la conducción sostiene que “privatizar” es sinónimo de saqueo, ¿qué es entonces un contrato que entrega un 30% de la caja internacional a una LLC extranjera, y cuyos fondos terminan —según la investigación— financiando la compra de un club en Italia?
Lo que queda expuesto
La AFA intenta correrse del centro diciendo que todo es una campaña, y que el contrato se justifica por antecedentes. Pero el caso ya dejó una marca: mientras se levanta una bandera “anti-SAD” como relato de pertenencia, se construye por debajo un esquema típicamente corporativo: intermediarios privilegiados, comisiones extraordinarias, opacidad jurisdiccional y compras en el exterior.
Y esa es la peor versión del modelo: no el capital privado compitiendo y transparentando, sino el privilegio, el “amigo” con la llave, la comisión blindada y la caja lejos del control de los verdaderos dueños emocionales del fútbol: la gente.erugia, que estalló tras allanamientos y documentación incorporada a una investigación judicial, expone una postal incómoda: la cúpula que se victimiza contra el “negocio privado” terminó montando —según surge del expediente y de reconstrucciones periodísticas basadas en registros bancarios y societarios— un circuito privado, offshore y rentístico alrededor del activo más valioso del fútbol argentino: la Selección.

El punto de quiebre: el contrato que le daba la “llave” del exterior
De acuerdo con el contrato hallado en los procedimientos, la AFA firmó con TourProdEnter LLC (sociedad radicada en Florida) un acuerdo para actuar como agente comercial internacional, con facultades de cobro y gestión de ingresos fuera del país, a cambio de una comisión del 30%. Ese documento fue divulgado en investigaciones periodísticas y luego defendido por la propia AFA en un comunicado titulado “La única verdad es la realidad”, donde justificó el porcentaje comparándolo con esquemas previos.
Hasta ahí, puede discutirse si el 30% es “mucho” o “poco”. El problema político (y moral) aparece cuando esa ingeniería se cruza con un hecho concreto: el dinero que debía representar al fútbol argentino termina orbitando en estructuras privadas que compran un club europeo.
Perugia: compra confirmada; el origen del dinero, bajo investigación
El Perugia Calcio anunció oficialmente el 7 de septiembre de 2024 el cambio de manos: Javier Faroni asumió como presidente y accionista tras el “closing” con la transferencia del 100% de las cuotas desde el anterior propietario.
Lo que hoy investiga la Justicia —según reconstrucciones basadas en registros bancarios y documentación societaria citada por medios nacionales— es que desde cuentas donde se depositaban ingresos vinculados a la AFA en el exterior se realizaron transferencias por más de US$ 5,7 millones (y un total que otras reconstrucciones elevan a US$ 6,2 millones) hacia sociedades vinculadas a Faroni, entre ellas Sports NextGen Ltd, parte del entramado empresario que adquirió el club italiano.
En paralelo, documentación oficial italiana vinculada a la estructura societaria del club refiere a Perugia Futbol S.r.l. y a movimientos de participación/propiedad.
La hipocresía: el modelo “prohibido” que se usa cuando conviene
Acá está el núcleo del escándalo político: Perugia no es una “asociación civil” de socios; es un club europeo dentro de un esquema societario. O sea, en la práctica, una SAD (o su equivalente legal italiano). Entonces la pregunta cae por su propio peso:
¿Cómo puede la AFA “combatir” el ingreso del capital privado a los clubes argentinos mientras su círculo comercial arma negocios en el mismo formato… pero en el exterior y con fondos que la Justicia investiga como provenientes de la caja del fútbol argentino?
No es una discusión filosófica sobre si la inversión privada es buena o mala. Es algo más básico: coherencia y transparencia. Si la conducción sostiene que “privatizar” es sinónimo de saqueo, ¿qué es entonces un contrato que entrega un 30% de la caja internacional a una LLC extranjera, y cuyos fondos terminan —según la investigación— financiando la compra de un club en Italia?
Lo que queda expuesto
La AFA intenta correrse del centro diciendo que todo es una campaña, y que el contrato se justifica por antecedentes. Pero el caso ya dejó una marca: mientras se levanta una bandera “anti-SAD” como relato de pertenencia, se construye por debajo un esquema típicamente corporativo: intermediarios privilegiados, comisiones extraordinarias, opacidad jurisdiccional y compras en el exterior.
Y esa es la peor versión del modelo: no el capital privado compitiendo y transparentando, sino el privilegio, el “amigo” con la llave, la comisión blindada y la caja lejos del control de los verdaderos dueños emocionales del fútbol: la gente.
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