El origen de la Pascua: entre la resurrección de Cristo, las fiestas judías y las celebraciones paganas

El origen de la Pascua: entre la resurrección de Cristo, las fiestas judías y las celebraciones paganas

La Pascua es una de las celebraciones más importantes del calendario cristiano. Su significado principal es la resurrección de Jesucristo, ocurrida al tercer día después de su crucifixión, según los Evangelios. Este acontecimiento marca el triunfo sobre la muerte y el pecado, y es el corazón mismo de la fe cristiana. Sin embargo, la historia de la Pascua no comienza con el cristianismo, y su celebración está estrechamente ligada tanto a ritos judíos como a festividades paganas de la antigüedad.

El origen judío: Pesaj, la Pascua hebrea

Mucho antes de que el cristianismo existiera, el pueblo judío celebraba la Pesaj, o Pascua hebrea. Esta conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, un momento clave en el Antiguo Testamento. Se celebra durante el mes de Nisán (marzo o abril) y está profundamente marcada por el símbolo del cordero pascual y el pan sin levadura, que los judíos comieron en su huida apresurada.

No es casualidad que la muerte y resurrección de Jesús, un judío de Galilea, ocurran precisamente durante la celebración de Pesaj. De hecho, la Última Cena es, según muchos estudiosos, un Séder de Pesaj, la tradicional cena pascual judía. Por eso, el cristianismo primitivo vincula la Pascua de la resurrección con la antigua Pascua judía, dándole un nuevo sentido espiritual.

Las festividades paganas y la primavera

Pero además del trasfondo judío, las fechas de la Pascua cristiana coincidieron desde sus inicios con festividades paganas de primavera (en el hemisferio norte), especialmente en el mundo grecorromano. Culturas agrícolas celebraban por esas fechas el renacer de la naturaleza, el retorno del sol, el florecimiento de la vida tras el invierno. Dioses como Attis en Asia Menor, Adonis en Grecia o Osiris en Egipto eran honrados con ritos que hablaban de muerte y resurrección cíclica, relacionados con los ciclos de la tierra.

Una figura clave en esta herencia pagana es Eostre (u Ostara), diosa germánica de la primavera y la fertilidad, a quien se asocia con símbolos como el conejo y los huevos, ambos presentes hoy en las Pascuas populares. De hecho, el nombre en inglés de la festividad —Easter— proviene directamente de ella.

La adaptación cristiana

Cuando el cristianismo comenzó a expandirse por el Imperio Romano, no pudo eliminar las festividades paganas ni reemplazarlas del todo, ya que estaban profundamente enraizadas en la vida y cultura de los pueblos. La estrategia fue entonces reinterpretar y resignificar, adaptando estas fechas a los nuevos valores religiosos. Así, el mensaje de la resurrección de Cristo encontró terreno fértil para instalarse como símbolo de vida nueva, renacimiento espiritual y esperanza, en sintonía con el lenguaje universal de la naturaleza y las estaciones.

La fecha móvil de la Pascua

Por este entrecruce de tradiciones, la Pascua cristiana no tiene una fecha fija: se celebra el primer domingo después de la primera luna llena posterior al equinoccio de primavera (en el hemisferio norte), lo que la sitúa entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Esta forma de cálculo fue establecida por el Concilio de Nicea en el año 325, unificando criterios entre Oriente y Occidente.

Un símbolo que atraviesa culturas

La Pascua, entonces, es mucho más que una celebración religiosa: es un punto de encuentro entre memorias ancestrales, fe y naturaleza. La resurrección de Cristo se eleva como el mensaje central para los creyentes, pero su fuerza simbólica se nutre también de siglos de tradición humana que ha visto en esta época del año un momento para renacer, renovar y encontrar luz después de la oscuridad.

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